Senderos de Palabras

Lo que importa no es el verso que escribo
sino la huella de palabras ajenas
que con é1 voy borrando dentro de mí.
La métrica obsesiva
aprieta sus sílabas impares
sobre el cuerpo indefenso de lo que voy contando
Un galope de voces se rebela y quisiera romper
con el cepo opresivo
que le pone medida a las palabras
Urdimbre de palabras
este fino tejido que dibuja
los limites facticios de la vida.
En la Prisión segura de los nombres
se congela lo móvil y se muere lo eterno
Solo en el trance del poema sin fin
tendemos este puente hacia lo abierto.
Rasgar con el poema las palabras
de falsa transparencia, velos para el misterio milenarios
Viajar hacia la luz a través de la selva
de mitos ancestrales
buscando los vestigios de la doxa perdida
bajo capas añejas de voces sin sentido.
Los múltiples monólogos de la obsesión
tienen la consistencia de los sueños
Se esfuman, se desarman en la verdad del diálogo.
11
Delirante palabra sin memoria
la palabra vacía
Rápida, irreflexiva sin raíces.
Elocuente. Fluida. No alocuente.
Porque no hay yo ni tú.
Palabra sin objeto. Suelta y sin referente
Sin goznes y sin ejes y sin anclas
No puede dar amor.
Promesas y proyectos ilusorios
en los íntimos ritos. En el foro. En la plaza.
Cautiva su finura. Su elegancia
El virtuoso manejo del engaño
Esconde su disfraz una dolencia
Una escisión del alma.
Galope desbocado en ondulante lomo
las palabras inanes. Las palabras ingrávidas
Vacíos significantes de viento
Vehículos hechizos de un pretendido diálogo
sin interlocutor.
Vocablos desligados del verbo de lo auténtico.
Vestigios dolorosos
de lejano y arcano desamor.
19
De tanto desconfiar de las palabras nos invadió el silencio
De tanto desprendemos, despojamos y protegernos contra el dolor
perdimos hasta el llanto.
Y mientras preparábamos la vida abrimos sin saberlo las exclusas
hacia el valle infinito de la muerte.

Las palabras
Diálogos con el Otro

"De profundis clamavit”
y Tú oíste.
No me dejes ya más vivir el vértigo
la escisión dolorosa, lo incompleto
Desde ti, si me tienes
ligada a tu verdad y a tu presencia
puedo sondear vacíos
reposar en lo frágil del instante
centrada mi confianza en tu reencuentro.

 Recuérdame
cómo nos encontramos en el frío,
ya sin voz ni mirada
cuando cantaba un pájaro perdido
en la rama más alta del invierno
Recuérdame
cómo ordenaste el caos, los colores quebrados
restauraste la imagen dividida.
Relajaste el espasmo del sollozo.
No dejes que yo olvide
cómo me diste el alba y floreciste
mimosas amarillas en los tallos dormidos
Recuérdame
Lo fino de tu tacto de brisa tibia
la fiesta de gardenias y magnolias en la convalecencia
No me dejes volver a la agonía
ni perder este gozo, esta indolencia
este calor del pleno mediodía.

Gracias te sean dadas por tu ausencia y tu oscuro silencio.
Por el túnel de sombra de mi pensar vacío.
Gracias por el abismo sin fondo de la nada
donde habitas, me acoges, me sostienes.
Por el punto de luz que a veces me concedes.
Después de cada muerte
gracias por la caricia nueva y la delicia
del vuelo impredecible y blanquinegro
de erráticas y alegres golondrinas.
Por el interminable gozo
del rítmico rumor del agua del torrente
Por haber intuido la identidad
de cada gualanday, de cada ceiba
El diálogo de finas vibraciones del viento con las hojas
y con la reverencia de las palmas.
Por haber descorrido
una punta del velo de vidriera empañada
donde también estuve de espaldas a la vida.
29
Despojada de mí.
Sin nombre y sin recuerdos
Asomada al abismo
Ante la nada
Me rescato en el diálogo contigo
Y en la luz sosegada que se enciende dentro de mí.
Nada ni nadie
podría ser mi Tú como Tú eres
en el diálogo vivo en que me creas con tu voz de silencio.
Ausencia que se encama a cada instante
Acudes a mi ruego y te descubro
en la espiga, en la brisa y en el trino.

Opacidad del cuerpo en el camino ligero de la luz.
Silueta de su ausencia
la sombra que proyecto sobre el agua.
Transparencia deseada e imposible.
Si es interna la estrella.
Si se calla la voz y se destruye lo vano, lo infecundo, lo ilusorio,
la eternidad de engaño de los nombres.
Si hay un silencio abierto al tañer de lo extraño
y un incendio consume en las entrañas
los ídolos, la historia, los recuerdos.
Aparece la luz en el abismo
trans-parece, trans-lúcida y estática.
Como el molusco informe
dejado por las olas en la playa
que se trag6 la luz y la volvió rosácea.
Esplendor de otra estrella contenida
trans-figurada en aguamar tranquila.

A un árbol del Putumayo
Hoy tenías forma de árbol
y yo me puse a orar
contemplando tus flores escondidas
pegadas a la lefia de tu tronco
bajo la fresca paz de tu cono de sombra.
Tenías en tus entrañas una fiesta
de colores guardados bajo el follaje verde.
Extrañas flores de árbol de doble faz
nimbadas de amarillo.
Botones como glandes.
Del tronco añejo y seco
macetas suspendidas como estrellas.
Banderillas floridas desgarraban tu tallo.
Piñata abigarrada de colores brillantes.
Hoy tenías forma de árbol.
Me detuve asombrada
bajo la intimidad de tu techo sagrado
orante y conmovida.
Y me diste el milagro
de tus mieles secretas
de tu aroma encantado
de tu savia de vida.
So1o luz cuando asomas de mi abismo interior
y pones en mi frente tu mirada.
No hay dolor en tu ausencia.
Un espacio arrasado.
Una pena sin llanto ni sollozo.
Suspendido vacío de palabras entre el verbo y la nada
que llenas con tu voz cuando te evoco.

¿Quién vive en é1 y dónde está tu reino?
¿Es la quietud del ojo transparente que mira y se deja mirar
por la estrella y el sauce y la manada de vacas taciturnas?
¿La indagante mirada inquisitiva y el juego de las reglas y las formulas?
¿Fausto tiene la clave? ¿La tiene Margarita?
¿La creativa presencia del deseo?
¿Dónde está tu palabra?
¿En la locura que violenta los límites?
¿En cl delirio del iluminado?
¿En la voz mediadora que se apropia
de la indecible pluralidad de tus sentidos secretos y escondidos?
¿Es acaso cl silencio y cl vacío? ¿Las notas armoniosas que se fugan
sin alusión distinta de su forma?
¿O el sutil desencanto que libera del mito / y la memoria?
C6mo encontrar tu reino
0 cómo construirlo
Y con cuáles palabras re-crearlo.
El yo y los otros
Mi yo que eres mi tú
un verso inacabado
una escritura torpe
siempre recomenzada, en busca de una forma.
En construcción constante de sentidos.
En el viejo claustro medioeval
por los corredores de espejos del pasado
recojo los fragmentos dislocados
de tantos otros yos que fueron. Que habrían podido ser.

Ser como la gaviota aquí y ahora.
En el azul.
Como el árbol desnudo
Sin duelo, sin vacío, sin ayer ni mañana
Atenta solo al ritmo de la respiración
en un tibio calor que no consume
ni me deja extinguir.
La cruz en uno mismo
Un eje vertical
Uno traverso
El corazón es una en-cruz-ijada.
La clave del misterio en el vacío
Tropismo de la altura. Vector hacia la luz.
Todo está en mí. Consciencia concentrada.
Metafórica ausencia
Lo posible en la espera del instante.
De los brazos abiertos ligaduras terrestres
Presencia de los otros y del mundo.
Secuencia. Relación. Abrazo. Metonimia.
Con-pasión, con-placencia
Afecto desplazado.

A través de senderos zigzagueantes
de exilios y retornos
en viaje solitario hacia mí misma
reconozco las huellas de mis pasos
los surcos del amor
La impronta de la luz en el camino
y el lento acontecer del desarraigo
Soy esta geografía de distancias y abismos
de intensidad medida y calma conquistada
de ausencias calculadas y absolutas presencias
Habito en una estancia iluminada
donde renace frágil, temblorosa
después de tantas muertes de tantas mutaciones
y transfiguraciones la delicada flor de la ternura.

... were we led all that way for
Birth or Death: There was Birth certainly.
We had evidence and no doubt. 1 had seen birth and death. but had thought they were different; this birth was Hard and bitter agony for us, like Death, our death.
T.S. Eliot 'Journey of the Magi"

De todo lo que hablamos...
En los otoños agobiantes de color
En veranos eternos.
Por parques y cafés.
En trenes y aeropuertos.
De todo lo que hablamos...
Y yo recuerdo cómo era de inquietante
Cómo quedábamos sin asidero, vacíos de tiempo
indagando angustiados si éramos una sombra,
si éramos una voz abandonada
si éramos solo el eco del verbo de otros siglos.
De todo lo que hablamos...
En las calles heladas del invierno
por las penosas huellas del viaje de los magos buscando un nacimiento

Sin que nos detuviera la fiebre
ni el estremecimiento del frio
ni el rechazo del miedo
ni la sospecha de nuestras intenciones
en país extranjero.
En el esfuerzo diario por despojarnos
de nuestras biografías
de los viejos tatuajes de mitos ancestrales
y del cristal opaco de las palabras que
habíamos heredado
En lenguaje distinto
que nos hiciera nuevos a ti y a mi
a trav6s de tu voz y de la mía y nombrara
la pureza esencial, el asombro de ser
de poder devenir el uno con el otro.
Viviendo en el instante
Arrancando con lágrimas
las máscaras que sin saber llevábamos pegadas
a la piel
Desbaratando imágenes de ti y de mí
que habíamos fabricado
Asechando en los gestos
hasta las vibraciones de los párpados.
De todos los silencios que padecimos para acercarnos
De todos los asombros
En esa unión callada del pensamiento sensitivo
De lo sensible y cálido que piensa
En medio de las mimosas de la primavera
Asustados por la suerte de las gardenias doblegadas por una nieve tardía
De lo que nos dijimos -y tú y yo lo sabemos
cómo quebró los moldes de las viejas palabras
y trajo nuevos ritmos nuevas modulaciones a las voces cansadas
nos queda este recuerdo impreso en lo más hondo
Esta nueva mirada
Esta vida engendrada con sutiles palabras con voces descarnadas
Esta encendida lámpara con la que disipamos cl humo de los nombres
que casi nos ahogaban
Esta eterna presencia.

Dura y amarga fue nuestra mutua agonía
Gozoso cl nacimiento
Porque hubo nacimiento
So1o que no sabemos si seríamos capaces
de vivir otra muerte.
Palabras heredadas las suyas y las mías.
En ellas ocurrió nuestro primer encuentro.
Invento era el amor de trovadores?
Algo de Adolfo. Un poco de Vigny
y el mal del viejo siglo, herencia de María la de don Jorge Isaacs.
Añoranzas de tangos, languidez de boleros
y un poquito de duda de la del señor Testa de don Paul Valéry.
La luz verde en mis ojos era so1o un reflejo del verso de Baudelaire.
Emprendimos el viaje al país encantado navegando en metáforas.
Y hasta la misma muerte hacia donde partimos (oh mort vieux capitaine)
será so1o el legado de una vieja palabra.

La maravilla del primer encuentro
se agota en las palabras sucesivas
Dice más el silencio. El diálogo callado.
Hay más desenvoltura en la pisada grave
y el tacón que repica
en el encuentro diario de pasos conjugados.
Se advierte más afecto
en la mira obsesiva a través de la cámara
que quiere perpetuar la imagen fugitiva
y capturar el gesto que define
La posible ternura de la mano que escribe.

Como un Dios encarnado
Era raudo. Era bello. Era leve y voluble.
Venia de otra galaxia.
Rescatado como superviviente de una batalla astral.
Lleno de sol. Era de un solo plano
Sin escorzo de 1ágrimas. Sin medida del tiempo
Alado. Delicado. De ternura perversa
Y distante y helado
Jugaba con las horas. Amigo de las sombras.
En ellas se escondía del sol su padre.
Era poeta. Me lo encontré en un verso.
Me lo encontré en un cuento de un circo
soñando con ser grande.
Lo asusté con la Ley de este planeta tierra de gravedad.
Él era descentrado. Desatado.
Yo llevaba mi fardo de lo vivido.
Y é1 era tan liviano
Se quemaba en la prisa de sus alas de fuego
Cambiante. Intrascendente
Una fisura inmensa en su ser
Un no ser. Un vacío.
Un no saber amar
Su tren descarrilado en la estación lejana
de una infancia olvidada
donde un día vio arder el globo de los sueños.

El pájaro errante
Inquieto siempre está el pájaro errante
sobre el lomo curvado de la espiga
Temblorosa ternura sin sosiego
Miedo de doblegarse. Balanceo.
Inestable equilibrio de energías.
Mientras él esté allí y allí regrese
con su palpitación y su deseo
da la espiga su mies
Ella es una parábola en ascenso
bajo su peso leve
y encuentra su destino en lo infinito.
Si reanuda su vuelo ella es el arco
y é1 esa flecha errática e ingrávida.
Despojada del fardo logra su propio fiel
y su tallo flexible se endereza
para el gozo del sol y de la vida.
Deslumbrado y herido por el rayo
de lo desconocido
vacila ante el arrobo del encuentro
Plácidas y tranquilas se deslizan sutiles las palabras
por todos los meandros del espíritu
por caminos vedados y olvidados
En los recodos de la memoria
se introduce la voz
por hondos laberintos escondidos
de la entraña del alma
y en la dulzura lenta del coloquio
recupera su ser y su latido.

Risueña y leve, alada su presencia.
Insoportable el peso del silencio.
La negación de su palabra.
Este viejo dolor llamado ausencia
se vierte en el poema como un canto
Palabras portadoras de presencia
y de serenidad en vez de llanto.
Asombrado descubre la dolencia
que da el amor. Y se protege tanto
que su miedo parece indiferencia
y sin saberlo causa este quebranto.
Inútil descifrar en la conciencia
múltiples ropajes del encanto
mejor recuperarlo en la inocencia,
Mientras dure vivirlo y padecerlo
en su intenso sabor de florescencia
sin prevenir el duelo de perderlo.

Encuentro diferido en la nueva palabra que lo asombra.
Se asusta su ternura
Renacen los temores
del cándido deseo soterrado que aprisionó su afecto
Elabora distancias y silencios de muerte
Se asfixia en el tejido de las horas
Vive de la ansiedad de los segundos
Huyendo de sí mismo. Del tropismo del beso
Del arrobo y el vértigo.
De su revelación en la voz que lo nombra:
La razón de su fuga y de su entrega.

En la espera imagina
Y simula los diálogos del coloquio cercano
Dispone circunloquios y argumentos sutiles
Los perfumes. La luz. La seda. El violonchelo
Más la palabra falla. Angustia del silencio
Voces sin resonancia. Alusiones perdidas
Solo salva el encuentro
el gesto inesperado de la mano tendida.

En el atrio de Nuestra Señora de Paris
Tarde de luz oblicua filtrada en las rosetas azules.
Cortes de milagros. Peregrinos. Leprosos. Soldados heridos.
Fastos. Coronaciones. Guerras. Excavaciones. Y ruinas milenarias. .Pintores y Poetas.
En esta tarde de fin de siglo todo está aquí.
El mismo polvo de luz eterna nos envuelve en su brillo atenuado de otoño.
Juglares silenciosos los mimos en la plaza.
Murmullo inmenso de la muchedumbre con el eco lejano de los coros antiguos.
Palomas cansadas. Cámaras. Turistas insensatos.
En esta nueva peregrinación buscando su sentido
revivir el asombro de su mole de piedra que cambia y se transforma a cada instante
en los juegos efímeros de la luz y la sombra.
Como el amor y su eterna agonía en devenir constante.
Vine para entender, sintiéndola, mirándola, entrando en su misterio
qué pasión desbordada nos dejó este legado
qué delirio, qué sueño proyectó su estructura
y cuál es el secreto, la potencia sagrada que conquista lo eterno.
Un viajero en la luz deambula y me interpela. Que eternicen las cámaras
el fugitivo instante el insólito encuentro. Y la sonora voz evocadora.
Dos sombras pasajeras éramos é1 y yo flotando en ese instante
en una vibración de luz y de sonido de distinta frecuencia. Más alta y más etérea.
Autor de un solo texto renovado por años como cualquier poeta.
Responde como oráculo a mis interrogantes interiores
en el mismo lenguaje de Zaratustra.
Que este mundo es tan s61o producto de palabras.
En un poema extraño de ritmo fascinante entona una alabanza sobre el amor sin tiempo.
Nos hemos visto. Volveremos a vernos en este instante eterno ante la catedral
sobreviviente muda de historias de milenios. Viajeros del misterio cifrado 'y escondido en las mudas estatuas en vitrales y frisos. En ojivas, en pórticos y en los bajorrelieves.
Una queja dolida del amor que se extingue
y busca permanencia en la piedra de siglos
y esta voz que promete el eterno entorno / y se esfuma en la sombra.

A la memoria de Alejandro Obregón

La muchacha ante el cuadro
como ante el mar
Solo colores en la memoria
Cielos y cóndores
Horizontes abiertos
La muchacha en el cuadro
Sumergida en el lienzo
Cautiva en los colores
de formas rotas
de palabras calladas
en el trazo que rasga la tela
y engendra otros sentidos
Esplendor
y sobrecogimiento de lo desconocido
Pasa de cuadro a cuadro
y busca a pasos lentos
las otras dimensiones presentidas
el misterio del otro
el sentido secreto de colores y escorzos


La metáfora viva

Rosa púrpura del Cairo
Rosa púrpura del recuerdo..
Hasta el poema llega el lenguaje cifrado del silencio
en tiempo y en espacio revividos
Aparece el pintor
Se descuelga y camina por el salón
Juega con su postura
al frente, al lado, adentro del cuadro que ella mira
Contrapunto viviente
Figura vertical que se desplaza como una tela más
Observa la mirada que lo mira
y vuelve a desdoblarse sobre el lienzo
Creación compartida
Eco de luz
Ausencia, evanescencia de sí mismo
Poder de su lenguaje que lo encarna en el cuadro
Donaei6n transparente reflejada en sus ojos

 Primera exposición
Iniciación al goce de infinitas facetas
Experiencia del arte
El pintor en sus ojos. ¿E1 cuadro o el pintor?
´Más tarde en un salón
o en una galería está el pintor expuesto
Cóndor o barracuda, o toro, o alcatraz
0céanos o cimas
Renovado el asombro de la mirada
y el diálogo fugaz
Mucho más tarde aún
cerca al taller del mar
última factoría.
Lo alto y lo profundo
Plumas pié1ago, peces
Cóndores suspendidos barracudas
estáticas
Alcatraces que huyen
Osamentas y escamas
fosforescentes
Indígenas, celtíberos, romanos
en búsqueda afanosa de los símbolos
condensan el sentido
El mar con sus azules abandonado
Ante las dos miradas que no se miran más
vuelve el pintor al cuadro.

Yo soy tan s61o un rio tratando de aclararse
                                          con el ejemplo diáfano del azul de la tarde.

Octavio Gamboa

El vecino mayor se ha ido.
Vecino por cercano. Por poeta.
Por excavar en la heredad del cerro
y tallar los cristales del poema.
Por saber de la música y del viento
y compartir sonatas y cuartetos.
Por haber conocido el alma elemental de cada árbol
y ser guardián del agua
por austero
con riquezas de orquídeas y luceros.
No debe ser extraña para él la tierra del misterio.
Conocía desde niño sus lenguajes secretos
Era, como decía, el dueño del silencio.
iv
Lo otro

Al día le dolía tanto la ausencia del mar
que se devolvía fugaz a visitarlo
en forma de celajes y relámpagos.
La nostalgia del mar

hacía que el día volviera a su presencia
en la luz del celaje.
Igual que el mar de noche
llamo tu luz ausente a mi presencia
y todo se ilumina.
Como al celaje el mar, llamo tu luz ausente
Su presencia ilumina
las islas escondidas
en el sueño.
Luz en el mar presente
intima unión fecunda
rumor de diálogo
encuentro tembloroso
en el color vibrante de los peces.
Fiesta pagana
idó1atras los ritos en la arena
en el olvido diario
del intenso momento del ocaso
De la sagrada ausencia que se anuncia en el mar.
Bandas, maracas, bongos
amantes pasajeros.
Jadeo de pescadores
con sus redes de plata palpitante
Paleta de colores diluidos en el cielo y el agua.
Un tumulto en la playa.
Corren locas las olas.
Se escapan de sus límites con el ritmo perdido.
Los sobrios alcatraces
pierden su compostura. Gritos, voces desafinadas total algarabía.
Las vendedoras negras
llevan en las bateas
los últimos melones del día.
Se ofrecen mandarinas de color de crepúsculo.

Luz. Intensidad insostenible
Luz. Desluz. Deslumbre.
Y mar desluminado
oscuro
opuesto
a
la luz
de la estrella
Ausente
negro
El otro lado como en lienzo
de planos superpuestos
bajo la línea nítida
del horizonte.

Desde el alto balcón, de madrugada
entre el lago y el mar.
En el punto de mira que conjuga
la tangente infinita de la playa y el circulo interior de ]a ensenada.
Oigo la urgencia vana de la espuma.
Sus acuciosos pasos galopantes
su inacabable su fallido asalto
su aliento limitado. Su perpetuo morir.
Frente al inmóvil lago contenido
descentrado en el juego de reflejos.
Acallado el rumor en el silencio
que concentra las ondas ...
Múltiple Y pleno en el contacto eterno
de cambiantes colores
Rizado al tacto fino de la brisa
en estremecimiento sostenido de sutil vibración.
Atrás el bronco mar desaforado
de insensatos esfuerzos.
Concentrada la vida en este lago
atenta y disponible al ser que llega.
Absorta en é1.
Invadida de paz o de indolente calma
en su sombra de ausencia
Esperando serena, en abandono
la certeza de luz de su retorno.

So1o tras el esfuerzo del batir de sus alas contra el viento
les llega este remanso
esta elación extásica del vuelo.
Por ser ligeros, leves
pueden estos gorriones
posarse sin quebrarla y nutrirse a su antojo
de los menudos granos de la espiga del pasto.
No se' si otros pudieran ser tan leves
y llegar al banquete
sin doblegar la espiga ni agotarla.
En incesante fuga por el balcón florido
como las notas nítidas del clavecín
el tiempo del amor y la ternura.
Acoge en su conciencia el ser transfigurado de la palma, el poeta.
Dormita una doncella deshilvanando sueños
y el hijo tiende el arco del músculo impaciente.
El murmullo del río guarda en su eco eterno
el remanso del cuadro de tarde de domingo.
v

Muerte y Resurrección

Unida por un cord6n simbó1ico
y notas y escrituras que componen
partitura vivida tesitura muy alta
poema de asonancias
consonancias efímeras
armonías inestables
disritmias
rutinas cacofónicas
lo encuentro en lo más hondo y en el cuerpo sutil
Próxima o alejada
reconozco a mi opuesto
Congénere del alma
Otro en mí
Atracción del vacío
Diferencia abisal
Vértigo. Sinraz6n. Neurosis. Hecatombe
Sombra cuando mi luz y luz cuando mi sombra
Contraste. Contrapunto.
Claroscuro de encuentros
En este intenso diálogo a trav6s de las décadas
mi yo por su ser él
Su yo por el ser mío.
Heredé sus palabras, ajenas milenarias
Incorporó las mías. Sin historia. Paganas
Confundimos los ritos de tribus diferentes
Lejanos convergimos en juego alucinante
en esta red cambiante de palabras inéditas
Hondura, in-diferencia, levedad, ligereza
escapes, desarraigos.
Nada contra este canto
contra este renacer de lazos transmutados
Somos este conjunto
anómalo y extraño y marginal
en ecuación indescifrada
Piezas suplementarias y vecinas
en el rompecabezas sideral.
Siempre encontró
la vida en los desvíos
por fuera del tumulto, detrás de las fachadas,
en las calles torcidas y olvidadas.
Asombro de claridades nuevas
más allá del oscuro laberinto de cavas y de s6tanos.
Postigos oxidados escondidos
esperaban -su mano
para desaldabarlos
Para correr cerrojos y fallebas
y transgredir el quicio de la sombra.
Tantas veces lo abierto más allá de los túneles
de soledad y efímeras tinieblas.


137
Por dentro de la cúpula del tiempo
En ascenso solitario sobre abismos de vértigo
Atrás quedó el encanto de voces conocidas
Asumimos silencios de locura
Antes de conocer nuevos sonidos
Antes de vislumbrar el Ápice de luz
Antes de poder respirar por vez primera
el aire fino de lo abierto.
"Materileriler6"
La eternidad de la infancia
en las rondas de los niños.
Las semillas volanderas
del tulipán y las ceibas
Las castañuelas del viento
con el aroma de cadmia.
"Si la mar tuviera cara como tiene el caracol"
Mamá en la tarde cosiendo
Viento que barre los días materileriler6"
dirán los hijos mañana.
La mama ya no cosía
Las tardes de soledad esperando su regreso.
¿No dimos eternidad?
Cambiamos la vida lenta
por angustias, viajes, prisas.
Y preparando la vida
se fue la vida corriendo.
141

En la hora sexta
cuando recogía el día su manto de luz
llegó al galope con la guadaña de oro
de la luna nueva
En el crepúsculo de paz inalterable
un solo golpe corto. Certero. Sin dolor.
No la reconocimos. Fue tan leve.
Tan discreta. Tan íntima.
Ni siquiera supimos que el único socorro
era cerrar sus párpados para su vuelo eterno.
Los ruidos en sordina
por la blancura espesa de la nieve.
Pájaro del recuerdo..
Vuelan en la memoria otros inviernos
La muerte será un día quietud pausa silencio.
Este lento apagarse de sonidos externos.
Un dejarse envolver por un lienzo de nieve
y borrar poco a poco
las nítidas fronteras de las cosas.
La ceiba centenaria encanecida
parece que se muere y se diseca
bajo el ropaje blanco de su lana cardada,
donde vuelan ocultas las sernillas.
Pero renacen verdes ya los pámpanos
y se reanuda el ciclo interminable
de fecunda latencia, de flores y de frutos.
De vida transformada a cada instante.
Cerrado el abanico de los días.
Todo el ayer se esconde en sus repliegues
Parece que he vivido.
Hay rastros y vestigios
en el plan sin escorzo del presente.
Y huellas en la piel y en la mirada.
No temas quedarte en las tinieblas
Apaga la luz artificial.
El alba viene ya con su lámpara amarillenta
a encender desde adentro
la luz dormida en el coraz6n de todas las cosas.
De todas sus ofrendas
so1o conservo este abanico
cerrado en su latencia vertical
Paradigma de ausencia
metáfora perdida
arqueología del sueño.
Sus incontables planos se despliegan
por claves contenidas
en cantos, partituras y poemas.
Oculto en su misterio
el paciente tejido de las horas huidas
que vuelan encantadas de mi mano.
155

Más allá de la voz y de los símbolos
De los refinamientos del análisis y de las construcciones del sentido
Más allá del temblor que nombra lo indecible
Más allá de la queja por el diálogo que nunca se consuma
Más allá de la herida del silencio
está el hambre sin nombre
el lenguaje del frio
la sed. El abandono.