La máquina mítica

La máquina mítica
yo, Señor
tengo en vez de alma
un a máquina mítica productora de sueños.
la alimento con briznas de realidad
con harapos de vida
con furtivos celajes de luz
con trozos evocados de paisajes perdidos
y migajas de amor
con cuartetos sonatas y sonetos
y hasta con sueños viejos reciclados
yo, Señor
tengo en vez de alma
una máquina mítica productora de sueños
que procesa las penas y refina los goces
y que de vez en cuando
me produce un poema.

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Primavera
estas flores de nieve
blancas y estáticas, selladas y enigmáticas
arden y se consumen y se abrasan
mutarse, transformarse, llenarse de miel
ser miel o ser colmena
ser cáliz, ser copa, ser cópula o copular
pétalos y corolas abiertos a la luz
pétalos de raso.
pelusilla de pétalo carnudo de gloxinia
o liso y sin peso como magnolia de primavera, como rosa.
o ancho y hondo y cóncavo y oloroso
como tulipán de trópico.
pétalos y pistilos húmedos y estambres como antenas
como radares sensibles que captan vibraciones escondidas
ocultas, temerosas, insinuadas apenas
intimas, voluptuosas
pestañas temblorosas
retinas rápidas, implacables, vibrantes.
iris como luceros titilantes y tímidos.
miradas irreverentes e irreflexivas.
estas flores de nieve
blancas, estáticas, selladas, enigmáticas
serán magnolias, rosas, gloxinias, tulipanes
con cálices y pétalos y pistilos y estambres
y carne y terciopelo y humedades y mieles
rutilantes, cambiantes, abiertas, transparentes
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La espera
todo latente
la flor, la hoja, el fruto
desnudez expectante
carnes enjutas, frías, ascéticas
martirizadas por la intemperie
laceradas mas no lascivas
secas carnes de invierno.
mudo el árbol y estático
esperando acechante el transito anhelado y presentido ya vivido una vez, dos veces... en cada primavera.
Pero siempre distinto, siempre nuevo.
Vehemencia irreflexiva de las primeras flores que olvidan las heladas de marzo las quemaduras ardientes de sus noches glaciales la escarcha que marchita las corolas.

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Despertar
un nuevo amanecer
una luz nueva
herida de la luz como de gracia
no esperada, no sospechada no querida siquiera
la oscuridad y sus luciérnagas tienen encantos mágicos.
escalofrío de luz
frío cuchillo oblicuo, matinal
que rasga, que atraviesa, que desciende por la densa neblina.
rígidos e implacables tentáculos simétricos que despiertan el bosque.
se estira el árbol
se empina hasta la punta fina de sus ramas lejanas
en un hondo bostezo de vida
en lento despertar maravillado
olvidado el flagelo de la escarcha
y el sueño del invierno semejante a la muerte
le aguijonea la savia las entrañas
con pulsaciones intermitentes que suben como en ondas zigzagueantes
le desgarra potente la dura erección de los retoños el cuerpo entumecido
voluntad de ser flor
de ser acto perfecto
de convertir en pétalos, en color, en perfume
la claridad hecha carne y conciencia
de reflejar la luz y elaborarla y fijarla en aroma y en tersura
placer puro y gratuito de la florescencia sin hojas
árboles candelabro
en éxtasis de vida, de donación, de entrega
alzados, levitados, en sostenido orgasmo de belleza

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Estío
ni gloxinia, ni rosa, ni azucena
ni gualanday en flor, ni carbonero
cerrados los capullos
calcinados
en su fuego interior
sin savia, ni rocío, ni resina
sedientos de humedad, sin ambrosía
bajo el áspero cáliz opresivo

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Flores volanderas
debe ser marzo
las ceibas centenarias, prolíficas abuelas hilanderas
están a punto de prodigar su lana urdida en el secreto de la espera
y cubrir la ciudad
con gasa escarmenada en secretos capullos y sellados
debe ser marzo
recuerdo el cielo negro
y un sudario de lana volando amenazante
enredándose en ramas y en balcones
ahogando la esperanza de la vida.
primavera de trópico.
flores escarmenadas volanderas
navegantes en alas de la brisa de las tardes de Cali
siete años en la espera de floración de lanas vegetales
muchos más estuviera
esperando un amor
como ese que vivió al filo de la muerte
y se voló como una flor de ceiba.

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Viento
me envuelven los repliegues de tu manto de olor a cadmia
y me dejo mecer en la ola invisible
de los viejos recuerdos de la infancia
en sueño colorido de cometas
en el tacto de seda de mil espigas rojas del pasto de las lomas
doblegadas al borde adormecido de la noche.

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 Verano
el naranjal en flor y el limonero no están ya en los poemas de Juan Ramón
las ramas y el aroma y el azul se fugaron del libro y están aquí en el huerto
y huerto naranjal y limonero no son signos de esencias no existentes
ni caracteres negros en la página blanca
tienen olor de infancia y frutos y dulzor y brillan al ocaso
a su sombra me tiendo en busca del reposo final
vuelvo a la tierra y oigo pasar sonoro el arroyo del tiempo
reverberar el aire, arder la resolana
como lo hice antaño
en eterna pereza ensoñadora

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Agosto
tarde de agosto
la luz se cuela en el tamiz de polvo por las calles del pueblo
el río encandelilla con su brillo metálico y cabecean borrachas las cometas
la pereza se cuelga de las ramas del parque
lanuda y sin afanes.

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rosa de seda blanca
con olor de madera, de cedro, de recuerdos
cándida rosa abierta del día erguida y sostenida en un tallo de espinas
sabia rosa de raso florecida en la noche sin luz
ávida estrella negra
moldearla, cincelarla, formarla de la nada
rosa sin existencia
o codiciar su aroma y el equilibrio móvil
de sus múltiples párpados
rosa de fe situada en la cruz del camino
cual rosa de los vientos
contenida, medida, sustanciada en el canto
y hecha para cantarla
para inventar la clave de todos los sintagmas de la ilusión
quédese así encantada
para que no se agote el poder de su magia
para que no se explique la fuente de su mito
para que se difunda la luz obsesionante
que le confiere vida

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Custodia
En la mafiana clara del domingo la palma erguida y la funci6n flexible de sus ramas. Ases concéntricos, equilibrio de fuerzas proyectadas hacia el azul y hacia el núcleo de sombra.
En la sagrada dominica
expuesta una custodia iridiscente estática en el aire quieto de la mafiana concentrada en si misma desplegada en sus brazos.
No importa admiración, adoración u olvido.
Permanece en vigilia, extasiada en su ser. Y vuelan del racimo de corozos de sus entradas las aves de los símbolos y liban su dulzura desconocida abejas de la luz.

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39
Fábrica y movimiento de mieles y de savia y de insectos cautivos de su embeleso.
Majestuosa presencia de estructuras estaticas altar de antiguo culto perdido.
Latente su presencia transfigurada. Sencilla, rutinaria, intrascendente su familiar presencia vegetal.


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40
estáticas
Urbanismo
Las casas de los pobres ondulan apegadas a las lomas reproduces la linea de los cerros dejan correr el viento entre las matas de plátano y maíz.
Humildes y floridas
]as casas de los pobres en los cerros alegran el paisaje dejan ver el crepu'sculo suefian bajo los gestos, rituales y pausados de las palmas lejanas.
Arm6nicas, sencillas,
con sus caras pintadas de azul o de rosado cocuyos en las noches las casas de los pobres nos salvan cada día de muros asfixiantes de cemento de torpes moles grises que han sitiado el aire
y los recuerdos de la ciudad amable de la infancia.


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41
Lo fugaz
Ciudad transfigurada y transparente ramas en el azul balcones interiores florecidos. Los techos de cristal el aire fino
las velas en el puerto la estela de un avi6n y de un recuerdo. Gaviotas de alas blancas, la sonata de Brahms en el camino allegro, adagio presto e con sentimiento.
Las nubes pasajeras
la risa la alegria
los perfumes
las calles recorridas a pie los ojos en los ojos los ojos en los labios. La luminosidad del cielo las burbujas del agua el ritmo asaz ligero de las palabras.
La función del silencio la mano


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Custodia
En la mañana clara del domingo la palma erguida y la tensión flexible de sus ramas. Ases concéntricos, equilibrio de fuerzas proyectadas hacia el azul y hacia el ni@cleo de sombra.
En la sagrada dominica
expuesta una custodia iridiscente estcitica en el aire quieto de la maaana concentrada en si misma desplegada en sus brazos.
No importa admiraci6n, adoraci6n
u olvido.
Permanece en vigilia, extasiada en su ser. Y vuelan del racimo de corozos de sus entries
las aves de los símbolos y liban su dulzura desconocida abejas de la luz.


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39
' iento de mieles y de savia
Fábrica y movim
y de insectos cautivos
de su embeleso.
Majestuosa presencia de estructuras estaticas
altar de antiguo culto perdido.
Latente su presencia transfigurada. Sencilia, rutinaria, intrascendente su familiar presencia vegetal.

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40
Urbanismo
Las casas de los pobres ondulan apegadas a las lomas reproduces la linea de los cerros dejan correr el viento entre las matas de plátano y maíz.
Humildes y floridas
las casas de los pobres en los cerros alegran el paisaje dejan ver el crep@isculo sueflan bajo los gestos, rituales y pausados de las palmas lejanas.
Arm6nicas, sencillas,
con sus caras pintadas de azul o de rosado cocuyos en las noches las casas de los pobres nos salvan cada dia de muros asfixiantes de cemento de torpes moles grises que han sitiado
el aire
y los recuerdos de la ciudad amable de la infancia.

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41
Lo fugaz
Ciudad transfigurada y transparente ramas en el azul balcones interiores florecidos. Los techos de cristal el aire fino
las velas en el puerto la estela de un avi6n y de un recuerdo. Gaviotas de alas blancas, la sonata de Brahms en el camino allegro, adagio presto e con sentimiento.
Las nubes pasajeras
la risa la alegria
los perfumes
las calles recorridas a pie los ojos en los ojos los ojos en los labios. La luminosidad del cielo las burbujas del agua el ritmo asaz ligero de las palabras.
La tensi6n del silencio la mano

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43
el apretón rnug calido del adiós las subconversaciones la herencia de dulzura 9 las @litirnas flores.
Desamor
Cometa de los sueflos
pasaiera en el raso de la tarde es hora del regreso antes que amaine el viento. Velas en el bajel por un soplo de amor acelerado hay que envolverse al mástil de la pena. Flecha de la ilusión enamorada esta deshecho el arco
el mecanismo que inventaba rosas.

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45
Ruego
Quédese alli la luz.
No se opaque su brillo. No se apague su lumbre. No se agote su lumen. Que ilumine minutos de eternidad finita largos como milenios. Quédese all! la luz que da el amor al dia.

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47
Amanecer
La lividez del alba
lamia
lasciva adn
el cuerpo agonizante del amor.

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49
El viaje
Es hora de irnos
ya apunta la flor del otofio crecieron los nifios pasamos inviernos de espera fecunda vivimos, amamos, llenamos las ceidas de mieles espesas a veces amargas.
Es hora de irnos gravidos de vida a extender los frutos al sol en esteras de luces sin sombras.

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51
Otro viaie
En noches de tinieblas yo he implorado la luz por las rutas inciertas del aire rasgando firmamentos con el ala de acero en bdsqueda de un alba que no llega.
En anhelante ascenso hacia otra claridad
como tr6rnula palma movida por la brisa
atada por mi misma
anclada por el peso de mis propias visiones.
En la noche de siglos, ligera y desligada ya sin pasi6n ni miedo he creido entrever los ejes del saber, sus coordenadas la extraiña analogia de una cruz revivida en haz de oposiciones y contuses ocultos
y en la 16cida sintesis de una verdad esquiva.

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53
La ma'quina de tiempo
Viaiar en lomo de aire huyendo de la luz hacia las sombras en maquina de tiempo en contra del minuto, en retroceso vencidas las barreras de la angustia. Avanzar como aut6mata con viajeros sin peso, desligados del hoy y andar ligero, ingravido de nautas o astronautas por tdneles de luces transparentes y muros blancos
que tragan a lo le'os alfombras desplazadas.
i
Paris resucitado y revivido en el invierno gris de hace veinte aaos Paris desnudo y frio.
La mciquina rodante y milagrosa devuelve tu belleza descarnada tus frigidas fachadas tus losas que repican con los pasos metalicos de los pasantes Avidos tus rieles

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57
y las heladas rejas de Rivoli
tu torre y la muy fina aguja de la Santa Capilla
tu bruma
y las ramas desnudas de la espera.

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58
a Capilla
La peregrinación
Sedienta y fatigada
mord! el polvo de todos los atrios
y las puertas de los templos
permanecieron herm6ticas e infranqueables.
Me uni a los falsos cultos
de los que danzan en la soledad invencible
de la locura
de los que se queman las entry tragando fuegos fatuos y mutilan su ser en suicidios simbo'licos.
De los que acallan sordos las palabras
al ritmo de monótonas baterías incansables.
Delante de las estatuas rígidas y misteriosas de los pórticos celebró las liturgies atavicas ofició en los altares sacrilegos sobre las duras piedras exiliada del templo calcinada en la espera y en la 6gida insomne.

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59
La nueva latitud
Solsticios y equinoccios
le dieron vuelta al tiempo de ascesis solitaria del invierno al rumbo de agonias de la nave fantasma en que navego. Ha empezado hace dias la cuenta regresiva de las horas.
AtrAs qued'o la larga, la sibilina noche de misterio donde enrut@ mi proa ciega y sorda desatendiendo oraculos y hor6scopos y hasta el macabro ahorcado de las cartas.
Brdjula es el silencio y abren los hormones
celajes repentinos de miradas. Opacas y marcadas las palabras con el lastre de siglos del sentido.
Grado a grado en el eterno ciclo gano la latitud del nuevo dia.
En busca de la luz oculta y reticence que he conocido a veces y desertado. Delirante, atraida
por el profano reino de las sombras.

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61
Decantada la carga de esperanza hacia la plenitud perdida de soles sin ocaso y afectuosa tibieza
bogando lentamente hacia la hora cero de la muerte.

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62
El otro
Ese otro yo
solitario y callado escribe y también habla a trav@s de mi misma. Y sí que no le presto d6cilmente mi voz que lo dejo mil veces prisionero, en silencio.
Tiene su propia vida. No obedece a las leyes que gobiernan mis dias se expresa en un lenguaie
extraflo
que nunca he conocido.
La luz
La luz balla ligera con fino paso rápido en el espelo verde de las hojas brillantes movidas por el viento. Se mece palpitante en la ceiba del parque.

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67
Mar I
La espuma rasca la playa con ufiitas multiples y finas. Le hace cosquillas a la arena y ambas se rien con una risa blanca y multiples bocas dentadas de bigotes canos. No una gran risa el mar.
El mar serio y profundo.
Risitas, en la orilla, retozos, devaneos. Inmenso pubis crespo la espuma, crin y cresta de ola.

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69
Mar II
saititos de la espurna sobre la arena lisa. Minirno zapateo de segundos esthticos. Andar de paiaritos de los nonagenar,os. Ritrno de ola quebrada sus pasos desiguales.

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71
Mar III
En la angustia implacable de su insomnio
el mar daba vueltas incesantes
sobre su lecho de arena
hasta que la luz del alba vino a calmarlo.

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73
Mar IV
Aqui n-iar de Cove?ias.
Apacible bandeja de frutos Y alcatraces.
Venden luz fria
en concentrados de pescado brillante colgada al dorso tibio de los negros.
El rnar hoza en la arena juguet6n con su hocico espumoso de perro
y cierne su impureza de coral en filtros desgastados
tallados Y pulidos en tornos milenarios.

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75
Mar V
Una opera china en el mar. Minimos escenarios las canoas
sim6tricas y estaticas
en el fondo sedsceo y rosadoso del agua matinal.
Ballet negro a lo lejos.
Mimo de pescadores que enrollan presurosos hilos fantasticos y danzan con anzuelos invisibles.
Equilibrio de pesos y voli@menes en hieraticos gestos rituales. MecAnicos, geom6tricos los movimientos de miembros angulosos, sin escorzo remedo de cangrejos de la playa mandarines de fabula fantastica.

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77
Mar VI
Se oye de la maflana hasta la noche la-lenta procesi6n de los burritos
con angarilla de caj6n. e ineluctable Van cabizbajos en viai
hacia el oscuro puerto del horizonte
salpicando entre espuma @ tono o con trote rnono
sobre el asfalto de la playa. Cargan unas figuras cetrinas espectros de otros tiempos perdida la rnirada sin vida
el rostro inescrutable 1 animal.
movidas por el azar del ritmo de
Sin riendas5 sin estribos libradas a su destino miserable
y fatidico
sin risa ni alegria
en caravana de abandono hacia la rnuerte de su rutina diaria.

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79
otro rnar
yo n-ie maravillaba
cables pudieran terrnina
de que las arena fina
raba el azul, la
Me asomb esticado@ entrometido
el n-iar dom de las casas.
en los patios traseros
,Rasta que poco a POCO
de tanto Visitarlo
ga no rne asornbra tanto
funde respeto. o faidero
no fne in rno un perr
Agarro su n-ielena cO
que rne larne las piernas nte 9 ac alto su cug@ido irnpertine
lpor rninutos fugaces para que deje oir n.ii voz ') ri@i latido.
. c en el rnar.

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81
Insomnio
El mar insomne
pas6 la noche entera lavando enormes sabanas pesadas golpeandolas con fuerza en las piedras rugosas
del lavadero inmenso de la playa.

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85
Una playa
En qué playa de caballos azules rescatar6 el recuerdo de su amor.
Con qué walkirias fragiles
enigmaticas, frias
andaba en un'pique-nique'
de gala
sobre mantel de arena.
Un psiquiatra italiano-neoyorkino color de oliva las observaba lelo y nunca pudo amarlas.
En qué playa
de espuma y cielo negro cabalgaba el amor sobre caballos locos.

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 87
Taller del mar
En la tejeduria del mar
se urden y se traman con premura hilos grises y blancos y de coral sobre el telar gigante de la playa.

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89
Los s'gmbolos del vuelo
Para orientar el rumbo de nuestras vidas ote@bamos el vuelo de los pajaros del alba hasta el ocaso.
No las aves pequeaas de corto vuelo sino las grandes aves majestuosas obedientes a un orden superior y secreto.
Vuelo pausado, ritmico y jerarquico sometido al designio del que va a la cabeza. El batir de sus alas
se extiende en una onda evanescente hasta el dltimo miembro.
Y si planea tranquilo
se detienen confiados dejcindose llevar por las alas del aire.
Apice de una flecha que boga en el azul es el pajaro guia o v6rtice de lineas convergentes. Misterio silencioso de su vuelo no siempre a toda vela no siempre en linea recta.
Se distraen en juegos circulares y prosiguen su 6gida, navegando

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91
segun el viento, midiendo en su cuadrante los espacios
baflandose en la luz de los crepdsculos.
Majestuosos, serenos alcatraces maestros de la vida, expertos en el arte de conducir, y en la larga paciencia de la espera.
Seguros de llegar disciplinados a la meta propuesta. Tan ritmicos y tensos a lo lejos e inermes, melanc61icos, pat6ticos y titubeantes cuando les falta el acre de la altura.

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92
rante los espacios
S.
te de conducir, ta propuesta. itubeantes
La lotería
El reloj de la torre tiene la cara blanca como la luna llena. Una dama que gira ebria sobre el tinglado ordena
las luces del castillo, mariposas de fuego.
Palmas iluminadas salidas de su sueflo se mueven en el viento. Giran la dama ebria las luces del castillo las palmas desveladas y gira la ruleta de la suerte. Politica y payasos.
Atruenan los trombones de la banda del puebio. Discursos pan y circo. Requiebros, contoneos de las muchachas ni@biles ante los ojos Avidos del joven mandatario.

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93
Prende la salsa y giran parejas en el parque. El reloj de la torre da ]a dltlma hora y Albaracin el mago
recoge en sus alforias las dltimas stress

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94
San Silvestre
Sobre el lomo del afio viejo relleno de aserrin brillan banderillas multicolores, las luces de bengala.
En el cielo de Silvia un castillo fantastico de estrellas se prende y se derrama.

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95
Dia'logo
Reflejos encantados del espejo de la mirada amante.
Se crea y se recrea en dialogo perpetuo el devenir continuo y doloroso del propio ser. Trans-figurada esencia sin memoria. Efimera existencia y entrafiable que vive de palabras y renace en la hondura sin bordes del silencio.

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97
Otra mirada
El ojo que me fija en su mirada me mira y me refleja.
Reanuda las amarras de una prisi6n tejida con palabras. Quisiera confinarme y contemplarme en el claustro cerrado de un solo yo posible castigar mis desvios los vuelos incesantes de mis sueflos la invenci6n prodigiosa de milagros -el del amor sin tiempoy la mirada nueva que hace estallar el limite de lo que alcanza el tacto e ilumina la luz y toca irreverente lo in-decible.

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101
Espejo
Cautiva all! la imagen en la prisi6n de hielo en el vidrio pulido, en el agua tranquila. Hondo el ojo riente inquisitive y @vido timido y reflexivo.
Muy cerca de la uni6n y de lo univoco muy cerca del abrazo, de la fusi6n perfecta. Retenido el impulso inhibido de miedo de lo fr6gil y lo ilusorio.
Uni6n del signo o sino y destino de fisura. Fiel y frio el plano en que se mira se divide y se aliena y persistente el fino pensamiento que discurre y destruye.

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103
Lo inútil
Indtilmente el viento, maestro de la danza elabora sus ritos acompasados en el follaje verde e inventa sus montajes de mil actores si estan ciegos los ojos.
Indtilmente el rio
agudiza su voz de vibracio'n continua
su sonido encantado de lengua'e secreto
i
si esta sordo el oido.
Indtilmente se compone el sentido en sus multiples formas bajo la opacidad secreta de los textos si solo se descifran los c6digos univocos de la raz6n.
Inútilmente resplandece la luz
en los ojos amados
en los o'os de fiebre, en los ojos del hambre
1
si es opaco el cristal de la conciencia.
Si no se rompe el cerco hacia la nueva luz, hacia la onda fina hacia el encuentro
del misterioso mundo de lo ablerto.

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 05
Meditación
Un minuto encontrarse por negarse
y llegar hasta el cero de si mismo.
Alcanzarse en la ausencia, en el vacio más allá de la mdsica mAs fina mAs all@ de la tenue corola iridiscente de la orquidea.
En el punto perdido del tacto de colores y el sonido de seda del aroma.

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 107
Pentagrama
Hoja de Pentagrama, estatica sonata vegetal presente en los pasillos de la infancia sobre muebles pulidos y materas de cobre relucientes. Memorias revividas
vl 'brantes como notas musicales nitidas
en fuga suave y rapida por corredores frescos y sombrios al ritmo de unos pasos que se alejan ligeros
por viejos laberintos encantados.

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109
Interior
Recordara's la alcoba de su amor, la penumbra de las suaves cortinas fileteadas de borlas. El bisel del espejo
el umbral encantado de la primera imagen que doblaba las cejas, los ojos y los labios.
El mundo prohibido del tocador
sus tesoros de dijes, de joyas y de crespos el tacto del estuche de terciopelo el olor penetrante de abanicos de sandalo perfumes y medallas, y folios amarillos de los cinco bautizos.
El alto paragciero
y las magicas mesas de reloies antiguos. Las muelles mecedoras de madera torneada y cuadros de mu'eres desgonzadas
i
meci6ndose en columpios imposibles colgados de rosales.
El tafetan sonoro del vestido
y mirlas y azulejos en las jaulas.
ill
Las cigciefias tailadas de finos picos largos
las mesitas vienesas.
RecordarAs los dias del esplendor perdido y los rastros del mundo eterno y transparente de la infancia.

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112
finos picos largos
esplendor perdido
de la infancia.
Sueiio
Un sueflo
y un.suefio sobre el suefio. C6mo fijar la imagen con que alquimia retener lo fluido la evanescente forma la mirada.
C6mo guardar la entraflable presencia paraleer
el lenguaje secreto del espacio. Para buscar cimientos mAs s6Iidos y estables que todo engaflo de realidad y todo pensamiento coherente. Para bucear en bdsqueda perenne de verdad evasiva e iluminar los mdgicos retablos
de la infancia lejana e indolence

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113
Jardines de la infancia
La infancia reencontrada en la luciente hoja de isla que hacia los crespos firmes.
Manzanilla o romero
para cabezas rublas o color de azabache Azulejos que vuelan entre los chiminangos y macetas de rosas pall al lado de la mata de jazmin oloroso. Gualandayes en flor, begonias y azahares. Lo limpido lo azul lo cristalino el origen lejano estremecido de un canto que no es canto sino imagen
visi6n de formas idas que vuelven con sus nombres evocadores y quisieran
convertirse en poema.

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115
Gabriela
Nifia de mirada profunda int6rprete asombrada del lenguaje del viento del canto de la lluvia.
Nifia poeta.
Encuentras relaciones escondidas m@s allia de lo mdltiple de imagen y sonido.
Hemos leido juntas las flores, los colores las formas de las nubes y aprendido las cosas al-tacto de la mano. Has sabido del dia azul y florecido en que viniste al mundo de la resurrecci6n del Arbol del suefio del invieriio.
Hoy en la clase
una maestra nueva te ha encerrado en el cerco del alfabeto. Te ha exigido ser el eco sumiso de su voz te ha aplicado el cilicio de su angustia el alambre de pdas de sus gritos.

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119
Franvois
C6mo afinar la voz
para cantar al principe que concebi
en soleada maaana de primavera azul. D6nde encontrar la citara o el lacid para estanciar el canto y alcanzar el oido del que percibe ritmos ocultos y entona con su voz de tenorino las rondas que le ensefia "Berenice", o llega hasta el delirio oyendo los conciertos de clavecin y flauta. C6mo narrar los hechos prodigiosos de este pequefio filo'sofo travieso de este histri6n en potencia nervioso dibujante de los trazos dinamicos de este tierno amador que crea y que recrea
la imagen transformada de una mama ideal.

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121
La doncelia
Tenemos en la casa una doncella y evoca la palabra histories de princesas encantadas de lirios desmayados y desgonzadas formas, de suaves curvas largas y esbeltez de una espiga no colmada.
Misteriosa madeja de los aflos se devana un capullo lentamente se redondea la linea de los senos y una sombra se posa sobre el pubis. Doncella que has traido los mitos a vivir con nosotros.
Acecho conmovida
la imagen fugitiva de tu infancia y la duizura 1Anguida de tu nueva presencia buscando la secuencia de tus gestos la luz verde y azul de tu mirada seria y profunda.
Y s6 que lo secreto de la música que se anidaba en ti necesitaba un tallo mAs flexible para encontrar su acorde mAs perfecto.
Que es mayor la armonia del hondo pensamiento no
expresado

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23
y de tu nueva forma.
Que tus manos modelan en la arcilla con mayor ligereza y encuentras en tu euritmia un nuevo gozo. Que asistes conmovida ni5a y adolescents al milagro continuo y renovado de tu metamorfosis.
Que descubres tu ser en el espejo y aprisionas tu encanto en la fina sonrisa comprensiva esquiva y juguetona id6ntica a ti misma y heredera de legendaria estirpe de doncellas.

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124
La fuga
Raudo en la noche negra desliza'ndose a'gil como velero silencioso
Raudo en el auto azul
deshechas las cadenas de su angustia vencidos los temores y las sombras al mando de su brio.
Huyendo ingenuo, alegre fugandose
con su carga de amor y su ilusi6n a bordo en pos del vellocino del instante absoluto
venciendo la amenaza de la muerte.

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127
Un hombre
Todo en 61 paradigma.
El ser en lo sagrado.
Desde la noble frente de patricio romano hasta el tragico rictus de la boca donde revive el mito la hele'nica fisura la dolorosa ausencia.
Todo en 61 diferencias identidades m6Itiples.
Circula la energia en sutil contrapunto de mdsica escondida.
Alta y baja frecuencia.
Todo en 61 paradigma
dia'logo del silencio
de formas y de luces que aparecen y escapan
austera soledad
aute'ntica y profunda la asce'tica estructura.
Absc6ndita presencia arquetipicas fuerzas integran y fraccionan en perenne dilema la fragil unidad del ser y del no-ser.

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129
La cantante
La rosa de la cara se perfila palidece la risa y se trasmuta en loto su presencia. El dolor y el amor latentes y callados ocultos
tras la dura corteza que cincel6 la vida trascienden en su canto.
Aflora el sentimiento
ante el milagro
nocturno y sorpresivo de una metamorfosis.
Florescencia encantada de flor de pitahaya celosa de la luz, delicada y esquiva y poderosa queja de una voz conmovida que muere con el alba.

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131
Enrique
Ayer eras de veras
tu nombre tenia carne
eras t6 bajo el ala del sombrero de campo. Columpiabas tus suefios en la hamaca del kiosco cerca del verde lago de arreboles dorados y compartias tus penas con la blanca manada de vacas de ojos tristes. Ayer eras de roble.
Tallado por la vida como viejo patriarca discreto y comprensivo...
Hoy corri6 huracanado el viento de la muerte y nos dej6 tu nombre ya sin peso.
Ser@s como leyenda.
Como nombre de abuelo fijado en un retrato. Como los que se fueron, Ernesto, Don Roberto... En una sombra eterna sin suefios y sin penas sin ternura, sin risa,
ausente, sin espacio, sin figura sin 1Agrimas.

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133
Final de partida
Segado asi de un tajo por la muerte sin tiempo del adl6s.
Alzado del tablero de aiedrez de la vida. Su ficha ya no juega se acaba esa partida.

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135
La proyeccio'n
En visperas del viaje la luz en la pantalla proyectaba la vida guardada en carreteles. lbamos para atras en los recuerdos. -Apaga para ver, ti@ repetlas. Con los ojos cerrados al presente vemos el tiempo eterno.
Dos semanas despu6s
a la alborada
se te apaqaba el sol eternamente.

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39
Desde el otro jards'n
Ingenua jardinera.
Podando los rosales de la vida
resbalaste en el quicio del jardin encantado. A trave's de las calles de la ciudad extrafia veo las flores sin nombre afrenta de colores a mi duelo.
Por los rincones agrios de la ruta del vino
apuro sin consuelo
'liz de dolor nunca sentido.
un ca
Y este viejo camino se ilumina con las palidas uvas de la muerte.

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143
El adiós
Cali,
se te fueron los ojos que te vieron crecer, cristalina medida de tus pasos de un siglo. Se te fue el coraz6n que admiró tus ocasos tus lomas
tus maflanas azules.
Jardinera de rosas gloxinias y azaleas la que guardaba el canto de los viejos poetas. Sin su voz
se han quedado para siempre calladas tus noches sin estrellas y el lenguaje del rio ya nadie lo interpreter.
Ya no tienes a nadie que nos cuente tu historia.

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145
El legado
Todo vino de ti
La lenta transparencies de la infancia el amor a las rosas y la mirada azul de la mafiana.
La eterna maravilla del ocaso, del arrebol, y el agua cristalina.
La mano milagrosa que transformer los dias y una nostalgia grande y un sereno dolor y una elegia.

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 147
Su imagen
La memoria inconsciente
proyectara su rostro muchas veces en cuadros inasibles sobre la fugitiva pantaila del recuerdo.

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149
Signos proféticos
Su muerte, la primera la que no era posible. Que no nos borre el tiempo elrecuerdo del cataclismo intimo calcado en el paisaje.
La nieve en el verano el fondo milenario del mar invertido en las rocas. Finas capas de tiempo petrificadas, mudas fósiles en el aire.
Lo profundo en altura lo oscuro iluminado luna y sol en presencia.
La luz crepuscular y el plenilunio en vertientes contiguas.
Que no borre el olvido el sentido sagrado de profe'ticos signos el inicio de un viaje por las cimas heladas del exilio de todo.

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151
Cementerio jardín
Palios para evitar
que el sol ciegue de luz
los párpados de sornbra de los muertos.
a
Enormes palios verdes
tiendas rodantes
arneses, alfombrillas barras, poleas gruesos cordones de seda, baldaquines
sobre el duro himeneo.
Techos para las bodas con la muerte. Todo se inclina al paso del cortejo. Las palmas enanas movidas por esclavos invisibles hacen genuflexiones.
Embalsama el jazmin del cabo, las francesinas lilas y moradas dan el toque de duelo y el jcipiter indica tembloroso el camino sin fin.
El sol fija su brillo y se coagula en los setos sim6tricos de lluvia de oro.

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53
Aigunos deudos
se slentan en tertulia sobre el c6sped en dialogo impossible con los del m@s alIA.


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154
La ausente
Encarnada en gloxinia de esbelto talle largo vestida con el raso de p6talos morados se asomaba a la fiesta de nochebuena retenida en el reino del m@s all@ muda y atenta
presenciando el moment@neo olvido y el duelo de su ausencia reprimido.


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155
Leonor Monzoon
Leonor Monz6n
hija de P6rsides
y R afael
y nieta de Joaquina.
Pont6n, Pinz6n, deciante las niflas y se reran en el colegio de las Escobares a principios de siglo.
"Con zeta se escriben azada vergijenza..." y eras reconocida en la aritm6tica.
Leonor Monz6n,
'la mona' te decian
por tus cabellos rubios y tus clarisimos ojos azules.
Monz'on Cabal
prima de Eufemia, y Julia sobrina de Eufrosina y de Ibrahim y de la tia Agustina. Leonor Monz6n nacida
en Santiago de Call
en la plazuela de San Francisco en frente del port6n

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157
1158
de la capilla de la Inmaculada bajo la sombra austera de ]a torre mud6jar en una 11'nda casa de altas ventanas verdes de zaguan, de visillos en el contraport6n y de patio florido.
Grandes sefiales hubo cuando viniste al rnundo: el fin del sigio, el paso del cometa y sobre todo ]a lluvia de ceniza de que no habla ]a historia.
A los quince afios
sobreviviste al tifo exantemdtico Leonor alada fina y angelical bafiada diariamente con aguas
de hierbabuena, albahaca y qualanday.
Leonor Monz6n, la de los afios veinte
con zapatos puntudos importados de Francia el talle largo
y ei sombrero hasta el cefio. Casaste con Rl'cardo, de Balc@zar Hermarios y diste a luz cinco hij'os...
Mater amata
Mater boni consilli
Mater amabilis
sabias blen tu latin
y el trisagio
i@ngeles y serafines!
para las tempestades de granizo y centellas.
Tejias
con cr
Reme yen b en tu e insig para lo Leono un ri 'tu sopa d almiba y el du Una lit Primer y biznl el pese Nadie gozaba del brill Ni nadi el viern cuando de negr a visitar de los
Y sequi semana en viacr los trein de la pa Leonor 1 nacida e
Teilas con cuatro aguias
con crochet y punto ingl6s.
Remendabas, bordabas en tambor, al pasado y en bastidor. Hacias mil filigranas, pespuntes y zig zags en tu maquina Singer e insignias amarillas y rojas para los boy scouts.
Leonor Monz6n,
un ri 'tual tu cocina
sopa de resplandor y sopa de abstinencia almibares y hojaldres y el dulce de lim6n desamargado. Una liturgia el aAo.
Primero con los hijos y luego con los nietos y biznietos
el pesebre y el musgo.
Nadie
gozaba como td
del brillo de ]as luces de Navidad. Ni nadie ahondaba como td y sufria el viernes de la semana de pasi6n cuando ibas a la ermita de negro, con tu rosario de oro a visitar la virgen de los Dolores.
Y seguias sin descanso penitente y humilde semana tras semana por lentos afios largos en viacrucis devoto los treinta y tres pasos de la pasi6n de Cristo.
Leonor Monz6n
nacida en la edad media del Cali que se fue

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159
vlajabas deslumbrada por la nieve las flores y el otoao y sin saber mAs lenguas que tu espaflol fuiste amiga de Carol de William
de Vladimir
de Monique y Bernard Leonor honda y sencilla transparente y alegre, apacible y serena.
Cantora eras Leonor,
Benevolente, atenta, generosa
y en tu alma
de sierva del SeAor hizo Dios cosas grandes y por tu fe creemos y por la fuerza de tu espiritu esperamos volver a verte
por los siglos de los siglos am6n.


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160
G reenwich
e merid'
Las horas nacen en est iano donde tambi6n se desconstruye el tiempo donde el yo se deshace en mil fases cambiantes.
Somos solo palabras
estructuras fantasmas
productos insensatos
de una historia olvidada.

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163
Primavera nuclear
Desperdicio insensato de luz y de colores.
Todo respira mal. Indtil primavera.
Turbio deshielo donde brillaron antes los cristales de nieve.
Savia de perdici6n
corrupta para siempre la infinita latencia del invierno.
Ansiamos tanto el paso del no-ser a la vida y tarde comprendimos que nacemos, a un tiempo con las flores a la muerte.
Sinestesia impossible. Integridad violada del tacto y el perfume.
Solo el eco y el ritnio sostenido de mdsica metalica retienen la fuga irreparable del sentido.
Y cae sobre nosotros lentamente
sin la mansa inocericia de otros tiempos
una menuda lluvia radiactiva.

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165
El final de una historia
Si la piedra pulida por la aflosa caricia de los siglos
se convirtiera en polvo.
Si agrietados cayeran los muros seculares y se borraran huellas y vestigios de manos que labraron y de plantas que hollaron. SI el legado de artistas sofiadores de artesanos pulidos, de alfareros se perdiera en un nuevo cataclismo.
Si desaparecieran
los baptisteries y las catedrales los frisos capiteles y vitrales la lisura
de la amorosa talla del icono los hitos del pasado.
Vacios los anaqueles
de palimpsestos, folios, pergaminos... Seria un dolor mAs hondo un desarraigo nuevo y mAs profundo que el de la propia muerte
o el del adi6s eterno de los seres queridos.
Muerte de la cultura y final de la historia.

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167
Lo sagrado
Otra vez en el tiernpo de nuestra vida
se produio el milagro
de una rosa de invierno.
Rosa sagrada y pura que deviene y se muere
en la fragil latenc'a del instante
1
y limita el espacio de su presencia
en la lenta secuencia de los dialogos.
Vivencia de dulzura trascendida
Se mueve con mesura sobre el eje del tiempo
ahonda en cada pausa con ritmo sostenido
dolorosa certeza de distancias
y se 'ns'nx@an las huellas de su luz 'ns'stente
1 1 1 1
con decidida vocacl6n de estrella.

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169
Lo eterno
Medida permanente de una espera los pasos del reloj.
Calculada reserva, plenitud diferida
de un dia en que no cuenten los segundos de eterno amor y muerte pasajera.

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171
Hermético lenguaje
Ninguna convencl6n lo representa. Su presencia es un juego de fuerzas dirigidas en lento movimiento oscilatorio y acompasado.
No hay ndmeros romanicos o arabigos ni manecillas
en el reloj sin cara.
Su herm6tico mensaj'e se traiismite en un juego de sombras de ausenclas evocadas de presencias ausentes de pulsaciones intimas y ritmicos espamos mesurados
de Angulos calculados en cuadrante invisible
con sentido secreto de parpado entornado.
Una sola la faz y el principio de vida que allenta su latido.
Nada esta oculto en 61.
Su sentido es su forma camblante y coherente. El tiempo en su engranaje impcidico despliega sus mecanismos intimos. Su ser corrio una rosa de articulados p6talos.
Los planos superpuestos
las geométricas formas que lo esconden y entregan.

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173
Cronos de Posibilidades y de esperas de un tiempo que se atarda. Impasible notario del lancinante paso de las horas. Inasible el misterio que lo funda Y los mdltiples simbolos de su ambigua presencia que construye y destruye.

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174
presencia
Ultima plegaria de la rosa-reloi
Padre tiempo que est@s en mis manos vivo en el esplendor de tu presencia y en el dolor sin pausa de tu fuga. Quisiera detenerte en mi rodaie y vivir un cenit en cada hora.
Insomne y sin reposo acecho tu regreso en la inquietante calma de la aurora y veo acrecentarse con las horas el reino de tu luz.
Acepto comprensiva
las mdltiples facetas de tu rostro cambiante y hasta finj'o ignorarte para sentirme eterna y liberada del temor de que dejes de moverme.
Dame hoy el milagro de las horas, de poder escribir .
el oculto lenguaje de las sombras.
Perdona mi ansiedad por el silencio de tus pasos ligeros. Si me aferro a tus manos como si pretendiera detenerte.
No me dejes caer en la tentaci6n de retardar el ritmo de mi entrega. Librame del cansancio de los dias y promete
seguir viviendo en mi hasta el fin de los tiempos am6n.
La poesic
La mdqui
Primaver
La esper
Desperta
Estio ...
Flores vol
Viento
Verano
Agosto
La rosa
Custodia
Urbanism
Lo fugaz
Desamor
Ruego ..
Amanece
El viaje
Otro viaj
La m@qui
La peregr
La nueva
La puerta
El otro
La Luz
Mar 1
Mar 11
Mar III
Mar IV
Mar V
Mar VI
CONTENIDO
La poesia de Cecilici Balc6zcir ................................................................... 9
La m@quina mitica ................................................................................... 15
Primavera ................................................................................................... 17
La espera .................................................................................................... 19
Despertar.................................................................................................... 21
Estio ........................................................................................................... 25
Flores volanderas ....................................................................................... 27
Viento ........................................................................................................ 29
Verano ....................................................................................................... 31
Agosto ....................................................................................................... 33
La rosa ....................................................................................................... 37
Custodia ..................................................................................................... 39
Urbanismo ................................................................................................. 41
Lo fugaz ..................................................................................................... 43
Desamor ..................................................................................................... 45
Ruego ......................................................................................................... 47
Amanecer ................................................................................................... 49
El viaje ....................................................................................................... 51
Otro viaje ................................................................................................... 53
La m6quina de tiempo ............................................................................ 57
La peregrinaci6n ..................................................................................... 59
La nueva latitud ...................................................................................... 61
La puerta ................................................................................................. 63
El otro ..................................................................................................... 65
La Luz ..................................................................................................... 67
Mar 1 ............................................................................................... 69
Mar 11 ............................................................................................. 71
Mar 111 ............................................................................................ 73
Mar IV .............................................................................................. 75
Mar V ............................................................................................... 77
Mar VI .............................................................................................. 79
Otro mar .............................................................................................. 81
Insomn.io ............................................................................................ 85
Una playa ............................................................................................ 87
Taller del mar ...................................................................................... 89
Los simbolos del vuelo ....................................................................... 91
La loteria ............................................................................................. 93
San Sfivestre ....................................................................................... 95
Dicilogo .............................................................................................. 97
Otra rnirada ......................................................................................... 101
Espejo ................................................................................................. 103
Lo dtil ...............................................................................................1 105
Meditaci6n .......................................................................................... 107
Pentagrama ......................................................................................... 109
Interior ................................................................................................ 11.1
Suefio .................................................................................................. 113
Jardines de la infancia ............................................................................ 115
Abuelita ................................................................................................. 117
Gabriela ................................................................................................. 119
Fran@;ois .............................................................................................. 121
La doncella ............................................................................................ 123
La fuga ................................................................................................... 127
Un hombre ............................................................................................. 129
La cantante ............................................................................................. 131
Enrique .................................................................................................. 133
Final de partida ...................................................................................... 135
/iv/ .......................................................................................................... 137
La proyecci6n ........................................................................................ 139
Prernoniciones ....................................................................................... 141
Desde el otro jardin................................................................................ 143
El adi6s .................................................................................................. 145
El legado ................................................................................................ 147
Su imagen .............................................................................................. 149
Signos prof6ticos ............... 1 ................................................................... 151
Cementerio jardin ................ ................................................................... 153
La ausente ............................ ................................................................... 155
Leonor Monz6n ................... ................................................................... 157
Greenwich............................ ................................................................... 163
Primavera nuclear ................ ................................................................... 165
El final de una historia ......... ................................................................... 167
Lo sagrado ........................... ................................................................... 169
Lo eterno .............................. ................................................................... 171
Herm@tico lenguaie ............ ................................................................... 173
Ultima plegaria de la rosa-reloi 175


Lenguaje y silencio: su relación con lo místico y lo político*

Propongo aquí una reflexión sobre la relación entre la concepción contemporánea del lenguaje y el campo de lo místico, entendiéndolo como espacio de suspensión del discurso.  Esa suspensión radical del lenguaje, ese silencio en donde se da la manifestación de lo otro, hace posible concebir y tener la experiencia abisal de otra dimensión de lo humano no regida por las determinaciones del pensamiento conceptual. Apoyo mi argumentación en diversos textos filosóficos, de la mística de diferentes religiones y de la  Física cuántica. Desde la misma visión del lenguaje, hilvanándolo todo con el hilo imperceptible del silencio, establezco también de manera somera una relación con concepciones de lo social y lo político como textos que pueden ser escritos y reescritos.

El aporte personal en este enfoque es la puesta en juego de los textos, su  escogencia; la interpretación que urde el tejido de su pertenencia a una misma visión.  La ilación entre el campo de reflexión sobre la contingencia del lenguaje y el terreno de lo místico, que constituye un interés en los escritos de algunos filósofos, científicos y teólogos contemporáneos, nació de mi propia intuición;  por haber trasegado con pasión  los caminos de la lengua, en el fascinante desarrollo  científico de la Lingüística del siglo XX y en la aproximación a otras culturas, desde esa atalaya excepcional; por el profundo y fecundo diálogo de varias décadas con Jean Bucher y con los textos que él frecuentaba en su aproximación a la visión poética de Rilke y Valéry y a la reflexión sobre la experiencia del lenguaje en la obra de Heidegger; y también por mis andanzas por los misteriosos caminos de sabidurías antiguas  que no encontraban su lugar dentro de la racionalidad de Occidente.

La travesía personal tiene su tela de fondo en el contrapunto permanente entre dos vertientes de pensamiento que corren parejas de siglo a siglo entre los representantes de una y otra orientación;  oposición equiparable a la que se manifiesta entre la sabiduría de Oriente, afín al acercamiento místico, y la tradición filosófica racionalista de Occidente.    Al cabo del recorrido se abre la posibilidad de relacionar, en lo que concierne al acceso al conocimiento, el pensamiento contemporáneo sobre el lenguaje y la postulación arcana y milenaria del misterio.    Porque, más allá de la pluralidad y diversidad de los relatos religiosos que responden a la natural aspiración humana de darle respuesta al enigma de la muerte, nos encontramos en distintas religiones y culturas con coincidencias en la concepción de lo otro: en la cautela ante la pretensión de verdad creada en la urdimbre de la palabra;  en el valor positivo otorgado al vacío abismal; en la ruptura con la noción de la temporalidad y la puesta en tela de juicio del concepto de ‘esencia’. Lógica, lenguaje, teología, deslindan sus parcelas para entender ahora la fragilidad y la confusión que creó su asociación a través de la Historia.  Dice el filósofo Giorgio Agamben a este respecto:

“La imbricación entre reflexión gramatical y reflexión teológica es, en el pensamiento medieval, tan estrecha, que el tratamiento del problema del Ser supremo no puede comprenderse sin hacer referencia a las categorías gramaticales.  En este sentido, a pesar de las ocasionales polémicas de los teólogos contra la aplicación de los métodos gramaticales a los textos sagrados (Donatum non sequimur), el pensamiento teológico es también pensamiento gramatical y el Dios de los teólogos es también el Dios de los gramáticos”[2].

La identificación de puntos de contacto entre las propias tradiciones religiosas rebasa las construcciones teo-lógicas, en un más allá del discurso.  Por otro lado, observa coincidencias en las instrucciones para el recorrido del camino de iniciación que conduce a la sabiduría, a la iluminación, a la unión,  a la experiencia del acercamiento místico.

Coexisten en las religiones dos discursos o lenguajes; el dirigido a los iniciados que, desde la sabiduría de textos  inspirados, desde la vivencia de la revelación, a través de la experiencia transmitida por tradición oral, propone una fe dinámica que cultiva la espiritualidad a través de la suspensión del monólogo interior, en el abandono de los ordenamientos del lenguaje y de los contenidos semánticos de la lengua;  y el discurso que establece los relatos y simbolismos de acceso más fácil a la imaginación humana en los cuales se basa la fe de la creencia y se concentran las prácticas de la devoción tradicional.

Esos relatos contribuyen  a la construcción discursiva de la identidad personal y social y se entrelazan con las disposiciones generales de la cultura.  Construyen comunidades cuya cohesión está anclada no solo en las visiones compartidas y en los intereses comunes sino en factores como la emoción y en el afecto, cuyo valor aglutinante se desestimaba en los estudios de las Ciencias sociales.

El lenguaje  

Con el término ‘lenguaje’, aludimos tanto a la ‘mente’ como al ‘pensamiento’ discursivo; a una organización sistémica; a un ordenamiento abstracto del mundo –el lenguaje es la primera teoría sobre el mundo-; a una configuración o re-presentación de los datos que percibimos y que organizamos en imágenes, según el sistema heredado de clasificación aprendido desde la cuna, que tomamos como natural, y que se produce, se transmite y se codifica en la lengua; en la articulación oral de la palabra. Aquí el término ‘lenguaje’ sobrepasa lo puramente lingüístico: se toma como un sistema de diferencias, de relaciones; no como sinónimo de ‘lengua’, uso que se ha generalizado en español tal vez por influencia del inglés, como bien lo ha señalado distinguidos lingüistas.

Ese lenguaje es casa, abrigo, morada; pero también prisión. Es una creación de nuestra facultad mitopoética; lo naturalizamos y lo llamamos  ‘mundo’  y en él vivimos.  Su calidad de originario está siempre latente, siempre actuante, porque activa y nunca acabada siempre está nuestra potencialidad de narradores; tiene un origen posible a cada instante, lo que difiere de las investigaciones de su surgimiento en la especie y en el tiempo.  Su factura, siempre invisible y omnipresente, nos abre cada vez nuevos horizontes, a la vez que nos confina dentro de la construcción de nuestro propio castillo de palabras; o de nuestra  cárcel de alta seguridad cuyos muros constituyen lo que denominamos ‘Realidad’.  Su factura aparentemente sólida “tiene la consistencia de los sueños” por la característica inherente a su propio juego que impide discernir su carácter transitorio y hechizo.  Vemos, oímos, sentimos, solo lo que esa red que limita la percepción y que se solidifica en la lengua nos permite ver, oír y sentir.  Y el compartir esa primera ideología sobre el mundo singulariza la comunidad lingüística que, además, se define en los manuales de sociolingüística por el repertorio de sus medios de expresión, de sus dialectos sociales y geográficos, y por el consenso en  la valoración y juicio sobre la actuación verbal de sus propios hablantes.

Pero, más allá de las diferencias de las gramáticas, de los léxicos, de los sistemas morfológicos y fonológicos, se ha tenido como axiomática la creencia de que hay equivalencias básicas entre las distintas lenguas; que estas son etiquetas para nombrar y decir lo que supuestamente existe por fuera de ellas; que cada lengua actúa como filtro que permite una ‘visión del mundo’ y no que cada una de ellas es una construcción contingente, una proyección que crea ese mundo; a partir de la creatividad del ser humano, narrador y constructor de mitos;  ‘ser de lenguaje’ y no ya el ‘animal racional’ de la vieja definición; la capacidad de narración que nos es propia nos define como especie.

 Heredamos junto con el lenguaje la cultura que él instaura y define –porque no es que la cultura exista antes del lenguaje y se manifieste en la lengua-. Recibimos con el legado del lenguaje una forma de vida, una manera de relacionarnos con los otros y de concebirnos a nosotros mismos que se transmite tácitamente, de boca a oído, en la familia, en el vecindario y en los códigos de la escuela,  sin que seamos conscientes de ello.  Las redes invisibles de sentido en las que moramos nos ubican en horizontes de los que no es fácil sustraerse. Recibimos esta herencia que nos esculpe en lo más íntimo a través de discursos tácitos y explícitos, de lenguajes corporales, y hasta en el lenguaje también contingente de la emoción.

Las fisuras en el muro de contención del ‘mundo’, de la ‘realidad’, se logran  mediante una visión inédita, mediante la reflexión meditativa, a través del silencio, o de la intuición súbita que permite vislumbrar el misterio del más allá de la muralla; el reino no clasificado ni clasificable de lo in-decible; el sin fin de lo abierto; el espacio abisal. Lo otro del discurso irrumpe desde la apertura de la nada a través de los lenguajes creativos del arte y en el lenguaje de la poesía donde ocurre en la palabra lo no hablado y se libera lo que llega a la presencia.  Desde la Filosofía contemporánea, podríamos decir que se trata de una zona de inmanencia, -más allá del sujeto, y más allá del objeto-.  Es la zona de la “pura contemplación sin conocimiento” como lo dijera  Deleuze, citado por Agamben[3].

Esta concepción relacionada con el mundo exterior está en consonancia con los desarrollos de la Física cuántica en donde se afirma que las fragmentaciones y los cortes que opera el lenguaje no son necesarios ni son los únicos posibles y que la construcción que opera nuestra mente, con el concurso de la memoria que mediatiza la percepción, nos hace vivir en la ilusión.  Dice así el físico David Bohm:

“La palabra ilusión significa básicamente engaño e implica que nosotros creamos una representación de la realidad que no es coherente con la totalidad de la realidad. Esto es análogo al modo como los magos crean en el escenario la ilusión, llevando al espectador a pensar de manera diferente sobre lo que está sucediendo”[4].

Identidad

No solo construye el lenguaje nuestro ámbito de sentido sino que  nos hace también a nosotros mismos, construyendo la identidad, el yo individual y social.  Es casi imposible hablar de las palabras desde afuera, porque de ellas estamos hechos y en ellas vivimos;  fuera de los límites que traza su imperio y que nos singularizan, somos sujetos fraccionados y desplazados; sujetos múltiples; personas, como en el teatro griego; espacios vacíos; sitio de intersección de la pluralidad de voces de la cultura, de lo social, sedimentadas en el  inconsciente; somos, como lo describe la lingüística de la argumentación, emisores múltiples de discursos contradictorios y polifónicos…

Las rimas, cuentos, narrativas de la cultura escriben y archivan en la memoria, con tinta indeleble, conceptos, pasiones, emociones,  imágenes, recuerdos.  El lenguaje graba en el cuerpo los tatuajes del gozo y del dolor y esculpe en el tiempo nuestra forma íntima; talla cicatrices invisibles, rictus y gestos que nos exponen también a la lectura de los otros.  El lenguaje fabrica nuestros múltiples disfraces, crea el sedimento del ego que vamos construyendo en la vida.   La cultura, la familia, el maestro… dibujan con su palabra, sobre la  pizarra de las potencialidades del yo, los rasgos conocidos; de tal manera que acabamos viviendo en el dibujo, en el trazo. Tantas veces atrapados, además, en la red urdida por la imaginación, por el miedo, por la superstición, por los prejuicios transmitidos de boca a oído, de cuerpo a cuerpo, de texto a texto y de generación en generación.

Si como afirma el poeta “estamos hechos de palabras”, el dilema de la identidad individual recibe, antes de los múltiples desarrollos teóricos de la Psicología y de cualquier reflexión filosófica, una respuesta intuitiva que se adelanta -como lo hace siempre el arte en relación con el pensamiento-, a la visión contemporánea de la construcción discursiva del sujeto.  Somos diálogo y nos hacemos en él.  Somos la huella de las palabras que marcaron su impronta en las zonas más sutiles y maleables.  Nuestro yo, nuestro ego, es un producto del lenguaje.

Ese ‘yo de la personalidad’, como lo llamara Valéry, en el contraste que él establecía con el ‘yo profundo’, no es esencial.  Es una construcción del lenguaje a través de las interrelaciones sociales, de los procesos de comunicación con los otros.  Somos un texto que se escribe, se tacha, se lima, se pule a través de los años. O se degrada  también y se agota.   Esta relación entre la identidad y la alteridad es fuente también de interesantes debates –que no abordaremos aquí-, aplicables a la relación de las culturas, a los relatos dominantes y a los relatos de la subordinación en lo que respecta al  colonialismo y también a los estudios de género.

El otro de uno mismo, al que accedemos a veces, en situaciones privilegiadas, es el que menciona Rimbaud, en su famosa frase “je est un autre”, o el “yo no soy yo” de don Antonio Machado, o el “Qu´est-ce que le moi” de Pascal.  “Mi nombre es nadie” decía ya también Ulises en la Odisea.

Esta percepción intuye el enigmático sentido cristiano del “todos somos uno”; ahonda en la experiencia del encuentro con el centro de uno mismo, más allá del lenguaje vano de la palabra no auténtica, en el viaje hacia una luz interna que se perfila en el acecho de la nada creadora y del abismo del no pensar:

Fui la piedra y fui el centro

y me arrojaron al mar

y al cabo de largo tiempo

mi centro vine a encontrar

Con el análisis de esta copla del cante popular ilustra José Ángel Valente,  el exilio, el ex coelis,  que es la pérdida del centro, “y la reconducción del tiempo o del exilio al centro mismo y a la sola unidad”[5].

 Desde ese centro, en el instante de la experiencia de la luz, se vislumbra una reformulación de los límites de la alteridad.  Una nueva concepción de lo humano.

Lo místico
 
El conocimiento y acceso a lo místico, que no era abordable dentro de la racionalidad tradicional de la Academia, se hace posible contemporáneamente en ese ámbito, al ponerse en tela de juicio la  misma limitación de la racionalidad que lo excluía.  La reflexión extrema que fue capaz de pensar el lenguaje sin caer en las trampas que este tiende por doquier para impedir la claridad del análisis minó la base de todas las certezas construidas durante siglos sobre su propia ocultación.

El  acercamiento a la inmanencia de algo que nos sobrepasa por la vía de lo místico se había relegado al terreno de lo irracional, de lo ideológico, desde la visión prepotente que predominó desde el siglo de las luces.  Pero si existe, en principio, la posibilidad de un conocimiento de otra dimensión fuera del cierre  que impone el sentido,  es obvio que por la senda del lenguaje, trazada y consolidada en la toponimia de la lengua, no es factible acceder al conocimiento ni a la experiencia de otros terrenos sutiles de la vida.   No es el camino idóneo para acercarse a  otra ‘realidad’.   Esto lo han sabido los poetas que intuyen ese más allá innominado, y  rompen con los ordenamientos de la sintaxis y la semántica en su esfuerzo de darle expresión a lo innombrable.  Y, como lo dice José Ángel Valente en su ensayo sobre Miguel de Molinos:

“La primera paradoja del místico es situarse en el lenguaje,

Señalarnos desde el lenguaje y con el lenguaje una

experiencia que el lenguaje no puede alojar”[6].

 Esto lo han sabido también los practicantes de las religiones que, mediante la repetición reiterada de jaculatorias, de letanías, de mantras, escapan de los límites marcados por  los conceptos. A este respecto vale mencionar el interesante y complejo análisis que Ernesto Laclau hace de ese recurso retórico, de esa manipulación o distorsión del uso normal del lenguaje

“que lo despoja de toda función representativa (como un) camino para señalar algo que está más allá de toda representación”[7].

Desde la Filosofía milenaria de la India, dicen la Upanisad:

“en ciega oscuridad penetran los que dedican su vida a la ignorancia.  Pero aún se internan en mayor oscuridad los que la consagran al saber”[8].

Y en la nota explicativa de este mismo texto dice la editora, Consuelo Martín:

“Las técnicas de meditación y otros conocimientos religiosos son los que ISA Upanidad integra con la ignorancia, según la interpretación de Sankara.  El conocimiento del ser, finalidad de la metafísica advaita y de toda ‘filosofía perenne’ sería una toma de conciencia y no un conocimiento más”[9].

En relación con el Taoísmo se ha afirmado que

“El Tao Teh Ching es un libro de forma poética escrito en una lengua de alusiones.  En parte es esta una manera consciente de expresar lo inexpresable, porque el Taoísmo enfrentó la clásica dificultad de todos los misticismos al tratar de hablar de lo que se cree que no puede ser contenido en las palabras”[10].

Y dice el propio libro del Tao:

“El Tao que puede ser expresado no es el Tao verdadero.

Se le pueden dar nombres, pero no son el Nombre Verdadero

Sin nombre es el origen del Cielo y de la Tierra

Con nombre es la madre de todas las cosas

No siendo podemos contemplar su esencia.

Siendo solo vemos su apariencia”[11].

Desde la tradición mística del judaísmo escribe Esther Cohen esta descripción:

“la cábala extática, por otro lado, aspira primordialmente a la experiencia de la divinidad a través de la atomización radical del lenguaje.  Este tipo de mística aparece en España en el siglo XIII, simultáneamente a la anterior (polo teosófico-teúrgico) pero difiere básicamente de aquella en que su interés, si bien pasa por el lenguaje, no se detiene en él para entender o comprender los procesos creativos de Dios sino, en definitiva y de manera particular, para experimentarlos.  El sentido deja de ser la preocupación central.  La desintegración del lenguaje que opera la Cábala extática se dirige más hacia un aprendizaje de técnicas que conducen las más de las veces a una experimentación de Dios y sus manifestaciones”[12].

 Dentro de la tradición islámica dice el sabio y filósofo sufí Ibn Arabí en el libro sagrado Las iluminaciones de la Meca:

“… quien tiene dotes, si persiste en el retiro espiritual y la invocación divina, vacía el receptáculo (del corazón) de pensamientos discursivos y se sienta ante la puerta de su Señor como pobre que no tiene nada, entonces Dios -¡ensalzado sea!- le concederá y dará Su Ciencia, la de los Secretos divinos y de los conocimientos del Señorío”[13].

Y más adelante:

“El tercer nivel de conocimiento es la Ciencia de los secretos.  Es un conocimiento que está por encima del estadio del intelecto.  Es el conocimiento (que infunde) el Soplo del Espíritu Santo en el corazón.”

“Respecto a esta tercera clase –la ciencia de los secretos- la persona que los conoce sabe (todas) las ciencias y las domina por completo.  No siendo este el caso del poseedor de las restantes ciencias”[14].

Y también:

“Aquello con lo que vienen (los amigos de Dios) - ¡Dios esté satisfecho de ellos!-, los secretos y sabios consejos sobre los secretos de la Ley, está fuera del alcance de la potencia reflexiva y la adquisición de información, y no serán jamás obtenidos, salvo por contemplación, perfección del consejo divino u otros medios semejantes a estos”[15].

Dice San Juan de la Cruz en sus anotaciones al Cántico espiritual:

“Porque, ¿quién podrá escrebir lo que a las almas amorosas donde él mora haze entender?   Y quién podrá manifestar con palabras lo que las hace sentir? …Cierto,  nadie lo puede;…No pudiendo el Spíritu Sancto dar a entender la abundancia de su sentido por términos vulgares y usados, habla misterios en estrañas figuras y semejanças.  De donde se sigue que los sanctos doctores, aunque mucho dizen y más digan, nunca pueden acauar de declararlo por palabras, assí como tampoco por palabras se pudo ello decir; (…)   la sabiduría mística, la cual es por amor, …  no ha menester distinctamente entenderse para hazer effecto de amor…. porque es a modo de la fee en la cual amamos a Dios sin entenderle”[16].

Lo que poéticamente dice en estos versos donde el abandono de la preocupación intelectual se expresa como dejar el cuidado.

Quedéme y olvidéme,

el rostro recliné sobre el Amado;

cesó todo y dejéme,

dejando mi cuidado

entre las azucenas olvidado

Silencio

A esa zona de no conocimiento, según los textos de distintas tradiciones místicas  se accede a través del silencio. Es una zona compartida en la experiencia de la inmanencia; de lo que está allí. Pero silencio no es quedarse mudo, sin proferir palabra y dejando que galope sin bridas el monólogo interior.  El silencio verdadero es el estar allí, en la presencia; sin lenguaje; lo que equivale a decir sin pensamiento; entrando en el vacío.  A este vacío de pensamiento, a ese vacío necesario del yo, del ego, se puede acceder con una propedéutica, con una instrucción iniciática, compartida por muchas religiones, que abre la posibilidad de la unión con el otro de uno mismo y con un más allá que nos sobrepasa, y que requiere la salida simbólica de la casa de la mente a la que alude San Juan de la Cruz en su famoso verso:

“Salí sin ser notada, estando ya la casa sosegada…” 

Ese silencio no implica necesariamente abandonar la cotidianidad sino permitir la apertura de otra dimensión en el quehacer de cada día como lo decía Santa Teresa, como lo hacen los practicantes del Raja Yoga, y como lo predicaba el Maestro Eckhart:

“Todos aquellos que están adecuadamente preparados llevan verdaderamente a Dios con ellos.   Y quienquiera que posea a Dios de un modo verdadero lo posee en todos los lugares: en la calle, en cualquier compañía, así como en la iglesia, o en un lugar remoto, o en su celda.  Nadie puede obstruir a esta persona, porque ellos se dirigen y buscan solo a Dios y encuentran placer en él, que está unido con ellos y con sus objetivos.  Y así como ninguna multiplicidad puede dividir a Dios, así tampoco nada puede dispensar a estas personas o dividirlas, puesto que ellas son uno en el Uno en el que toda multiplicidad es una y es no-multiplicidad”[17].

En su tratado sobre la Filosofía de la India dice Luis Villoro:

“la palabra discursiva (…) determina y define: lo contrario del movimiento negativo que conduce a la verdad.  El conocimiento verdadero es un conocimiento de retorno: va del discurso a su origen: el silencio.  Porque, así como el fundamento de la forma es un principio informe, así también el fundamento de la palabra es el silencio del cual surge y en el cual se revierte.   Nada sería el verbo si no irrumpiera en el vacío del silencio; no existiría el habla sin la pausa que marca su ritmo; ni significaría el lenguaje si pudiera conjurar la presencia no verbal de los objetos que designa.  El lenguaje no es más que un intermedio entre dos silencios.  Por eso la verdad es anterior a la palabra: la verdad es silencio”[18].

Hablando del silencio desde la perspectiva de la Física cuántica dice una vez más Bohm en su diálogo con Mark Edwards:

“Sí… (el silencio es esencial para producir coherencia y totalidad)  Podemos…  acercarnos de esta manera a una mente más y más sutil, más sensitiva, más refinada, más indefinible, y más libre en su movimiento.  En últimas, es posible que esto vaya más allá de la palabra, aunque en alguna etapa regrese a la palabra.  Esta mente podría moverse de manera más profunda en el silencio, sin la palabra y sin la imagen”.

“Una buena analogía de lo que se ha dicho nos viene de la física en la cual el    sonido se explica como onda en un medio tal como el aire, que transporta esta onda.  Aun en la ausencia de sonido, el medio está siempre allí y está presente por doquier.  Sin embargo, el medio es en sí mismo silencioso.  Entonces, lo fundamental del ser del sonido es algo que podría al menos metafóricamente llamarse terreno profundo, que no es sonido.  De manera similar, los pensamientos pueden mirarse como ondas, arrugas, pliegues, en un fondo más profundo que no es pensamiento.  El silencio del pensamiento, que es su no movimiento, es lo que necesitamos para entrar en contacto con este terreno más profundo, dentro del cual el movimiento del pensamiento tiene lugar.  Aun cuando haya “ruido”, el fondo de este es lo que metafóricamente hemos llamado silencio.  Entonces, en este sentido, el silencio es el ser más profundo, el verdadero ser, dentro del cual todas las palabras, las imágenes, el “ruido”, etcétera, pueden entrar en la totalidad.  Sólo con tal percepción puede la inteligencia sutil operar sin impedimento”[19]*.

Aludiendo al silencio se dice en el Budismo Zen:

“Deja tu mente ser como la vacuidad del espacio,  como una astilla de palabra muerta o un pedazo de piedra, como cenizas frías y carbón quemado.  Cuando hayas hecho esto puedes sentir alguna correspondencia (con la verdadera mente).  Si lo haces de otro modo, algún día vas a preguntar por el viejo que está en el otro mundo”[20].

“Cuando, volcado hacia fuera, un hombre se liga a la forma, su mente interna está disturbada  Pero cuando, hacia fuera no se liga a la forma su mente no está turbada.  Su naturaleza original está pura y quieta como es en sí misma; solo cuando reconoce un mundo objetivo, y piensa en él como en algo, está turbada”[21].

Y el Tao:

“Hay pocas cosas bajo el cielo tan instructivas como

Las lecciones del Silencio,

O tan beneficiosas como los frutos de la No Acción”[22].

En este silencio que es la suspensión de las potencias del alma, la imaginación, la memoria, la voluntad, dice Santa Teresa:

“Y nótese que, a mi parecer, por largo que sea el espacio de estar el alma en esta suspensión de todas las potencias, es bien breve: cuando estuviese media hora es muy mucho; yo nunca a mi parecer estuve tanto”[23].

Y también:

“Aquí faltan todas las potencias y se suspenden de manera que en ninguna manera como he dicho, se entiende que obran.  …ainsi se pierde de la memoria, como si nunca la hubiera habido… Si lee, en lo que leía no hay acuerdo ni parar; si rezar, tampoco. Ainsi que  a esta mariposilla importuna de la memoria aquí se le queman las alas, ya no puede mas bullir.  La voluntad debe estar bien ocupada en amar, mas no entiende cómo ama.  El entendimiento si entiende, se entiende cómo entiende; al menos no puede comprehender nada de lo que entiende.  A mí no me parece que entiende, porque como digo, no se entiende”[24].

De ese silencio contemplativo habla también Miguel de Molinos en su célebre Guía espiritual  incautada por el Santo Oficio, cuya publicación en 1675  llevó a su autor a morir en una cárcel de Roma. Hace aquí una contraposición entre la meditación y la contemplación, términos que difieren del uso que se les da en el Oriente donde meditación es contemplación:

“Así el alma, si después de haberse fatigado por medio de la meditación, llega a la quietud, sosiego y reposo de la contemplación, debe entonces cercenar los discursos y reposar quieta, con una atención amorosa y sencilla vista de Dios”[25].

O también:

“…no puede el alma llegar a la perfección y unión con Dios por medio de la meditación y discurso…”[26].

El lenguaje y lo político

Sería imposible agotar esta área de conocimiento que se puede abordar desde distintos enfoques dentro del corto espacio de tiempo de que disponemos en esta disertación. Pero si adoptamos el punto de vista que hemos venido desarrollando, si desde la perspectiva discursiva, nos aproximamos al ser humano, tal como lo hemos intentado en estas líneas, como constructor de relatos no solo religiosos, sino de toda laya de ideologías, instituciones, sistemas políticos, de modelos o lenguajes científicos que aspiran a explicar lo social según sus construcciones teóricas, podemos establecer una contraposición básica con la creencia que le otorga a lo social y a lo cultural, una existencia original;  una organización externa al lenguaje que la produce.

El adjetivo “ideológico”, en la acepción de no científico,  se lanzaba como un insulto en las universidades colombianas de los años setenta contra quienes esgrimieran argumentos, considerados ingenuos, que hicieran, por ejemplo la apología de la libertad o de la democracia liberal.  Lo ideológico se oponía a la demostración “científica” y sin fisuras de una ciencia que creía haber llegado a la explicación objetiva del mundo social y pretendía haber alcanzado, tal como las ciencias puras, la capacidad de predecir fenómenos futuros mediante la aplicación de leyes históricas que se consideraban como axiomas de vigencia universal.  La posición del sujeto que postulaba tal visión científica no se ponía siquiera en tela de juicio.  Mucho menos aún se dudaba de la existencia de un orden dado, originario, donde con la ilusión intelectualista de la que habla  Bourdieu[27],  se llevaba a “considerar la clase teórica construida científicamente, como una clase real, un grupo efectivamente movilizado”, en alusión directa al proletariado.

En ese muro simbólico del pensamiento se produjeron grietas epistemológicas que habrían de minarlo desde adentro.  Las propias ciencias puras -que habían proporcionado sus principios de construcción-, habían generado dentro de su ámbito interno la duda, la incertidumbre, la relatividad de sus propias visiones y teorías.   El modelo científico, o sea el leguaje de la teoría,  se cuestionó a sí mismo, se afinó, se hizo consciente de su contingencia; pero sus efectos en el área de la explicación y la práctica de lo social prosiguieron con una inercia que no ha sido posible detener.  La ciencia positiva, monológica,  pretendidamente objetiva, auto-legitimada por la medición, la cuantificación, la descripción de regularidades, prosiguió su carrera; impuso  su hegemonía y ha inspirado modelos de desarrollo que pocas veces han logrado eliminar la injusticia, la discriminación, el desequilibrio en el acceso a la igualdad de oportunidades.

En el fondo del dogmatismo que ha imperado en este campo, tanto en la derecha como en la izquierda –dos posturas discursivas opuestas-, está lo que llama Laclau la distorsión constitutiva, o sea la ilusión de que existe en lo social una plenitud objetiva y una transparencia que –según el enfoque del lenguaje que hemos expuesto-, necesariamente no existen.  La distorsión es crear con los medios discursivos, la  ilusión de tal estatus originario de lo social y de su auto-coherencia.   Si el cierre, o sea lo social como estructura preexistente se diera    -dice Laclau-, de lo que se trataría sería de la revelación sin ocultamiento y no de la pro-yección que el lenguaje opera.[28]

Es con el lenguaje, con las prácticas conscientes de construir con el discurso realidades políticas en lo internacional y en lo local como se construye también la opinión pública. Y este terreno es cada vez más el campo de aplicación práctica de los expertos, de los conocedores de este pensamiento que se ha materializado en una técnica que puede ser aprovechada democráticamente mediante la  inclusión por nominación de lo que aparece en el horizonte de lo social, o con procedimientos ligados a todo tipo de recursos dictatoriales que construyen realidades o niegan la existencia del otro y el derecho que tiene a sus propias reivindicaciones, a su propia manera de concebir la justicia.

La relación aparente entre lo político y lo religioso, considerado este como relato cultural -diferente a lo místico que hemos tratado- ha vuelto a aflorar en la escena internacional como causa de grandes enfrentamientos.  Es un desarrollo inesperado para quienes crecimos en el mundo laico y racional de las democracias liberales, que aspiran a separar en la conducción del Estado los poderes temporales de los poderes religiosos.  Porque, en cuanto a lo de confinar las creencias al ámbito de lo privado, el mismo análisis que hemos venido adelantando pone en tela de juicio la distinción tradicional entre lo público y lo privado considerado antes como no político, tal como lo ejemplifica el caso de la familia.

Los choques de civilizaciones y de creencias, las luchas concebidas en términos religiosos, que en el fondo no son otra cosa que enfrentamientos socio-culturales, se presentan aliados a la técnica de los órganos de comunicación masiva y resultan articulados en los relatos que difunden los medios-, como la causa del conflicto. En esa representación discursiva lo religioso resulta imbricado con lo identitario de la cultura que se convierte también en objetivo de la guerra: la lengua, la organización familiar, las costumbres en general, como es el caso con lo árabe.

Por otra parte, el dirigente que decide la política de la guerra está él mismo construido por un discurso que transmite inconscientemente; sin siquiera mencionar las motivaciones económicas y geopolíticas que son los factores conscientes e inconfesados de la guerra. La propia decisión de un Estado de desarrollar una acción bélica hace que los medios de comunicación masiva se plieguen a la lógica aparente que la justifica y que generalmente obedece a una estrategia oculta, premeditada y programada tanto en sus objetivos como en el propio discurso que la sustenta[29].

Este poder de construir u ocultar realidades políticas en el discurso es evidente en el marco de nuestro conflicto interno y ha sido el expediente utilizado por tirios y troyanos en las últimas décadas.  Cada uno de los actores del conflicto, incluyendo a los llamados terroristas está construido por una retórica que le impide abrirse al discurso del otro, al punto de vista ajeno.

Los procedimientos discursivos que desencadenan y mantienen la guerra van de la mano con la creación de una realidad para el televidente a través del lenguaje de la imagen, que se pretende neutra en la representación de hechos aparentemente objetivos del acontecer cotidiano.  En el lenguaje de la imagen y en el discurso de los medios se propician las confrontaciones y se construye y reproduce, por ejemplo, la existencia de un supuesto “eje del mal”, como en el caso de la guerra contra Irak; se promueve el dogmatismo basado en las distintas narrativas culturales y religiosas;  se construye simbólicamente en la palabra al enemigo para justificar su degradación y su aniquilación; se galvaniza el miedo contra el posible ataque terrorista y de paso se catalizan aspectos de la identidad nacional, profundizando las contradicciones con el “enemigo” en vez de las oposiciones y complementariedades con el adversario,  que podrían propiciar el diálogo.

La  poderosa corriente crítica que la reflexión sobre el discurso ha instaurado en todos los ámbitos de las ciencias sociales, hace conciencia, como lo he reiterado en estas líneas, del carácter fortuito y contingente de todas las construcciones de la cultura, de la política, del mapa geográfico; de los lenguajes, discursos, sistemas semióticos y semiológicos, de los imaginarios articulados en las distintas lenguas; devela el poder inscrito en la palabra para entender cómo se erigen los muros de separación y de exclusión entre los pueblos de la tierra mediante la construcción de clases, razas y castas, como si fueran fronteras naturales, por parte de los seguidores de distintas ideologías políticas y económicas.

El poder como lo analizan tantos tratadistas, entre otros Basil Bernstein, desde la Sociología, en el contexto pedagógico, o como lo dice  Bourdieu, está en quien establece las categorías o clasificaciones.  Así se disponen y constituyen las identidades individuales y colectivas; se definen las relaciones, sedimentadas y naturalizadas en la vida cotidiana de las personas y en la vida institucional de una nación, transmitiéndose y reproduciéndose en un proceso continuo que no es fácil develar.  Por lo tanto no es sencillo introducir en ese texto de lo social y de lo político cambios significativos que rompan las clasificaciones excluyentes que legitiman la discriminación.

Si, ni el lenguaje ni su expresión oral articulada en la lengua, es la denominación de algo que exista por fuera del sentido que él mismo crea, del entramado de significaciones que él establece -porque es él el que instaura, entreteje y circunscribe el ámbito de la existencia, creando el espacio donde se desenvuelven todas las formas de vida-;  si vivimos en la costumbre, en la cotidianidad de una lengua que nos ha forjado; si habitamos en la casa o recinto que  ella ha construido, es posible siempre despertar a otro tipo de conciencia del lenguaje y de su obrar, manteniéndonos en el umbral de sus  potencialidades.

Los cambios en las estructuras y los comportamientos sociales pueden entonces inducirse a través de una revolución silenciosa como la que realizó el cristianismo de los primeros días, que abra los órdenes establecidos en el lenguaje de la ley. Los cimientos sobre los que se asientan los dogmatismos y fundamentalismos que originan la guerra y marcan la exclusión pueden socavarse, si consideramos que lo social es un texto[30], y que es posible reescribir ese texto para buscar una mayor inclusión; para construir una nueva forma de comunidad humana.  En este sentido afirma el filósofo italiano Giorgio Agamben que el ser singular que vendrá:

 “no tendrá en cuenta su pertenencia según tal o cual propiedad que lo identifique como miembro de tal o cual conjunto, de tal o cual clase (los rojos, los franceses, los musulmanes)- y se lo va a percibir no en relación con otra clase o con la simple ausencia genérica de toda pertenencia, sino en relación con su propio ser tal cual, con la pertenencia misma (…) diciéndolo de otro modo su singularidad, cualquiera, amable, expresada tal cual es”[31].

No es el nihilismo ni el relativismo lo que queda como respuesta y como posibilidad.  Hay, en el terreno de lo personal, una apertura hacia la  espiritualidad que une en el silencio.  Es posible también desde el análisis de lo político y de la acción que de él se desprende, repensar los ordenamientos culturales atávicos,  la organización naturalizada de lo social; hacer conciencia sobre la caducidad y precariedad de los modelos económicos;  sobre la transmisión discursiva del  fanatismo.  Es posible, si se enfoca de manera diferente la solución al problema de la violencia y de la guerra una recuperación de la sensibilidad hacia el otro y de una reflexión renovada, una resignificación de  lo que es el sentido de lo sagrado de la vida.

Bibliografía

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Cecilia Balcázar de Bucher (Cali, 1940). Estudió literatura en La Sorbona; Master of Science y Ph.D. en Lingüística teórica y Lingüística aplicada al español; con estudios de post-doctorado en Sociolingüística, de la Universidad de Georgetown en Washington; Asociada honoraria de investigación en el departamento de Sociología de la Educación en la Universidad de Londres; Visiting fellow en el departamento de Gobierno de la Universidad de Essex, en el seminario de Lingüística y Política; en la Universidad del Valle estuvo vinculada como Profesora titular de la Facultad de Humanidades, y finalmente como presidente de su Consejo Superior. Ha sido Secretaria de Servicios Administrativos del Municipio de Cali y Directora Regional del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar del Valle; fundadora y presidente de organizaciones de estudios políticos y acción comunitaria y, en 1994, Embajadora en misión especial ante la Asamblea de Naciones Unidas. Fundadora del Departamento de Lenguajes y Estudios Socio-culturales de la Universidad de los Andes y Profesora titular de la misma Universidad.  Miembro de Número de la Academia Colombiana de la Lengua. Presidente del PEN Club de Colombia y miembro de la Junta Directiva Mundial del PEN Internacional.

Entre  sus libros de poesía destacan: La máquina mítica (1987); Sendero de palabras (1992); El tiempo del pasaje (1996); Peregrinaciones, premio «Jorge Isaacs» de la Gobernación del Valle en 1997.

Es traductora de textos filosóficos, de crítica literaria y de poesía, especialmente de la obra de Jean Bucher, su esposo, cuyos libros, publicados en Colombia por la Universidad del Valle, son Paul Valéry y la nueva crítica literaria (1979); El encuentro Rilke-Valery (1982).  Y La experiencia de la palabra en Heidegger, Planeta, (Ariel), Bogotá (1996).

[1] El Editor y miembros del Centro Internacional de Estudios Místicos agradecen la generosa  cesión de las palabras de la Profesora Balcázar en  su discurso de ingreso a la Academia Colombiana de  la Lengua para su publicación en este  volumen.

*Boletín de la Academia Colombiana. Bogotá, Tomo LVII Enero-Junio 2007
Anuario de Estudios Místicos. Centro Internacional de Estudios Místicos. Ávila 2007

[2] Agamben, Giorgio,  El lenguaje y la muerte, Pre-textos, Valencia 2003,  p. 53.

[3] Agamben, Giorgio, “Absolute immanence” en Potentialities, Standford U. Press, Standford 1999, pp.  220-239.

[4] Bohm, David and Mark Edwards, Changing Consciousness, Harper, SanFrancisco, New York 1992, pp. 156-157 (traducción de la autora).

 [5] Valente, José Ángel, La piedra y el centro, Tusquets, Barcelona 1991,  pp. 15-18.

[6] Valente, José Ángel, Variaciones sobre el pájaro y la red, Tusquets, 2ªedición, Barcelona 2000.

[7] E. Laclau, “Sobre los nombres de Dios”, en Misticismo, retórica y política, Buenos Aires, FCE, 2002.

[8] Upanisad, Trotta, Madrid 2001, p. 129.

[9]  Ibid., nota 27, p. 133.

[10]  Mote, Frederick M.,  Early Taoism, Knopf, New York, p. 66.

[11]  Tao Teh King, Sirio, Málaga 2004, p.11.

[12] Cohen, Esther, La palabra inconclusa, Taurus, México 1994, p. 30.

[13] Ibn Arabí,  “Las ciencias y los artículos de fe” en Las iluminaciones de la Meca, Siruela, Madrid      1996, p. 55.

[14]  Ibid., p. 57.

[15]  Ibid., pp. 58, 59.

[16] San Juan de la Cruz,  Cántico espiritual, Espasa, Madrid 1936, pp. 4-6.

[17]  Citado por E. Laclau en Misticismo, retórica y política, FCE, Buenos Aires 2004, p. 111.

[18]  Villoro, Luis, Una filosofía de silencio: La filosofía de la India, UAM, México 1996, pp.40-41.

[19] Bohm, David and Mark Edwards, Changing Consciousness, Op.cit.: “Yes… (silence is essential to bring about coherence and wholeness) We may consider coming in this way upon a mind that is more and more subtle, more sensitive, more refined, more delicate, more undefinable, and more freely moving. Ultimately, it might be that this would go beyond the word, though at some stage it would come back to the word. Such a mind could move in a deeper way in the silence without the word and without the image.
A good analogy into what has just been said comes from physics in which sound is explained as a wave in a medium such as air, which carries this wave. Even in the absence of sound, the medium is always there and is present everywhere. However, the medium is in itself silent. So the fundamental being of sound is in something that could at least metaphorically be called a deeper ground that is not sound. Similarly, thoughts can be regarded as waves or ripples on a deeper ground that is not thought. The silence of thought, that is, its nonmovement, is what is needed for us to come into contact with this deeper ground, within which the movement of thought takes place. Even when there is "noise," the ground of this is what we have metaphorically called silence. So in this sense, the silence is the deeper being, the true being, within which all the words, images, "noise," and so on can be held in wholeness. Only with such a perception can the subtle intelligence operate without impediment”.

* Traducción de la autora.

[20] Suzuki, D.T.,  “The Zen doctrine of no mind”, en Zen Buddhism,  Doubleday, New York 1956,  p. 198.

[21] Ibid., p. 167.

[22] Tao Teh King, Sirio, Málaga 2004, p. 97.

[23] Santa Teresa de Jesús, La vida, las moradas, Planeta, Barcelona 1989, p. 98.

[24] Ibid., p.99.

[25] De Molinos, Miguel.  Guía espiritual, Alianza editorial, Madrid 1999, p. 38.

[26] Ibid., p. 50.

[27] Bourdieu, Pierre, “Espacio social y génesis de las ‘clases”, en  Sociología y cultura, Grijalbo, México 1984.

[28] Laclau, Ernesto,  “Muerte y resurrección de la teoría de la ideología”, en Misticismo, retórica y política, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires 2002.

[29]Ver, por ejemplo, Altheide David L. y Jennifer N. Grimes, “War Programming: The propaganda Project and the Iraq War”, en The Sociological Quarterly 46 (2005) 617-643, Midwest Sociological Society, 2005.

[30] Brown, Richard Harvey, Society as text, The University of Chicago, Chicago 1977.

[31] Agamben Giorgio, La communauté qui vient, Seuil, Évreux 1990.